Tal día como hoy del año 1997 nacía en Salta Iruya.com.A lo largo de todo este tiempo, la Provincia de Salta solo ha conocido a dos gobernadores. Detrás de las aparentes diferencias que separan a ambos, se esconde una verdad incontrovertible, que dice que los dos ha ejercido su poder como si fueran uno solo en una materia muy importante: la comunicación pública.
Tanto el Gobernador que asumió su cargo en 1995 y que gobernó durante 12 años seguidos, como el que lo hizo en 2007 y completará este año otros doce, han intentado controlar estrechamente a los medios de comunicación, ponerlos a su servicio, silenciarlos, domesticarlos, corromperlos de variadas formas.
Hay que decir que han conseguido en buena medida lo que se proponían y que les ha costado menos esfuerzo de lo que en principio se suponía. Lo prueba el hecho de que ninguno de los dos hubiera podido completar tres mandatos seguidos sin el soporte de un sistema de comunicación pública dócil, venal y manipulable.
En la última década se han multiplicado los medios digitales y los canales de comunicación de la opinión pública. El control gubernamental se ha extendido a ellos sin pudor, gracias al manejo discrecional e incontrolado del dinero público que el gobierno entrega -muchas veces a cambio de nada- a periodistas y medios de comunicación que han hecho de esta relación su forma de vida.
Podría sonar muy presuntuoso decir que solo Iruya.com se ha mantenido en los últimos 22 años fuera de ese sistema y que ha batallado por la libertad de expresión y la transparencia más que cualquier otro. Pero es verdad, simplemente porque hace 22 años no existía en Salta ningún otro medio de comunicación alternativo y seguramente ninguno dispuesto, como nosotros, a plantarle cara al poder absoluto.
Casi todos los días celebramos aquella lucha con argumentos renovados. Hoy toca celebrar el tiempo.
Lo hacemos porque entre nosotros no es frecuente sostener un esfuerzo y hacerlo inmune a los vaivenes políticos. Porque el poder es muy fuerte y las tentaciones son muchas, pero también porque la cultura telúrica empuja como ninguna a la complacencia, a la quietud y a la derrota del pensamiento libre.
22 años es un tiempo lo suficientemente largo para juzgar que la falta de una ley que regule las obligaciones democráticas de un gobierno en relación con la comunicación pública y establezca reglas transparentes, igualitarias y controlables de distribución de la publicidad oficial es el principio de todos los males conocidos.
No hablamos solamente los larguísimos años de imperdonable mora de un gobierno especialmente interesado en que dicha ley no vea la luz nunca, sino también de los 22 años en que los principales interesados en la materia (los informadores y los opinadores públicos) no han hecho prácticamente nada para que los gobernantes atiendan las nuevas demandas de información, de apertura y de transparencia. La culpa no es, pues, solo del gobierno. También son culpables quienes se han acurrucado debajo su ala y renunciado a su compromiso con la verdad.
Según comenzamos nuestro año de existencia número 23, el combate por una comunicación de calidad, respetuosa con el lector y empática con los ciudadanos, se mantiene y goza de más vitalidad que nunca.
No somos los únicos -felizmente- pero en esta fecha nos alegra especialmente comprobar que hemos sido, sin dudas, los primeros.