¿Es correcto utilizar el verbo 'mejicanear' en el contexto periodístico?

  • Si bien es el uso el que define la existencia o inexistencia de una palabra, es imposible no darse cuenta que el lenguaje hace daño; a veces de forma intencional y otras sin proponérselo.
  • Posible ofensa a un pueblo hermano
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Las palabras «mejicanear», «mejicaneada», «mejicanero» o «mejicaneo» no están recogidas en el Diccionario de la Lengua Española, como sí sucede con algunas otras que han nacido y se emplean en el lunfardo.


En la jerga original, «mejicanear» significa algo así como «robar a un ladrón», o, más precisamente, «apropiarse del botín de un ladrón o de un contrabandista».

Como otras palabras que aluden a una nación o a una raza, el vocablo «mejicanear» tiene connotaciones negativas, y es por esta razón que conviene preguntarse acerca de la conveniencia de su uso, no tanto en el habla coloquial, sino en informaciones periodísticas a las que se supone revestidas de una mayor formalidad o corrección.

Hace pocos años, varios integrantes de la comunidad judía de Valencia, España, han enviado cartas a la Real Academia Española para reclamar la eliminación del Diccionario de la palabra «judiada», que está definida como «mala pasada o acción que perjudica a alguien». Algunos judíos españoles consideran a esta palabra ofensiva.

La petición, efectuada en un primer momento a título individual, fue posteriormente respaldada por la Federación de Comunidades Judías de España, que ha señalado que judiada -que, a diferencia de mejicaneada, sí figura en el DLE- «es una acepción negativa respecto al pueblo judío y un prejuicio que va en contra de las normas de la buena convivencia»".

También se ha pronunciado al respecto el Observatorio de Antisemitismo en España, para el que la palabra judiada es ejemplo de las «huellas y residuos del odio que se han transmitido a lo largo de la historia».

Salvo el uso tradicional, que es importante en la consolidación de los usos del idioma, pero no decisivo para el mantenimiento de las palabras en un determinado acervo léxico, nada hay que justifique el empleo de la palabra «mejicaneada», que, al igual que «judiada», podría llegar a tener connotaciones negativas y hasta un significado peyorativo, que afecta al decoro y la dignidad de personas que habitan o que han nacido en México.

Pero si el uso coloquial, o incluso policial de la expresión, puede de alguna manera ser tolerable, no lo es que se la emplee en una información periodística, y mucho menos en épocas como esta en que las noticias -aun las más locales- saltan de un extremo al otro del mundo a una velocidad vertiginosa.

Si bien es el uso el que define la existencia o inexistencia de una palabra, es imposible no darse cuenta que el lenguaje hace daño; a veces de forma intencional y otras sin proponérselo. Con independencia de lo que puedan sentir o no sentir los nacionales mejicanos, un elemental reflejo de respeto y de prudencia aconseja no emplear esta palabra a la hora de difundir información pública.

Es muy probable que si la lengua que hablamos favoreciera la difusión de una imagen estereotipada de los argentinos, a través del empleo de una palabra -como, por ejemplo, argentineada- los primeros en reaccionar serían los propios argentinos y de una forma no precisamente cordial.

En Salta, el territorio fronterizo de la República Argentina en donde se ha publicado originalmente la noticia cuyo titular puede ofender a nuestros hermanos mejicanos, se suele emplear -aunque felizmente cada vez menos- la palabra «bolivianada» para llamar, bien al conjunto de bolivianos, o a determinadas expresiones culturales de bajo nivel estético. A la vista de su carácter peyorativo y hasta ofensivo, los medios de comunicación no emplean esta expresión.

¿Por qué motivo entonces debemos tolerar que se utilice en el contexto periodístico la palabra «mejicaneada»?

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