Peor que las fake news son las truchi news

  • En una gran mayoría de casos, estas noticias de baja calidad están pensadas para atraer clics y 'revenues', pero en otros casos, cuyo número no es para nada desdeñable, solo buscan llegar a un público poco exigente, que se presume numeroso y activo en las redes, con la intención de movilizarlo y captar su atención.
  • Un peligro que aumenta por horas

Mientras el mundo se enfrenta al desafío de las noticias falsas y los gobiernos de los países más avanzados intentan contra reloj hallar fórmulas y mecanismos para acabar con los bulos, las intoxicaciones y los engaños, en otros niveles de la comunicación crecen como hongos las noticias verdaderas que sin embargo son intrascendentes o han sido elaboradas con calculado desprecio por la inteligencia de los lectores.


Tan pronto podemos hablar de «noticias truchas» como de «medios truchos», en la medida en que se comprueba una importante proliferación de sitios webs que parecen solo nutrirse de chismes, rumores, infundios y fantasías que otras personas, con intención o sin ella, pero con una alarmante falta de calidad, vuelcan irreflexivamente en las redes sociales.

Llevan la delantera en este aspecto los denominados «contenidos virales», los «imperdibles» y «las seis noticias que no podés dejar de saber para empezar el día», etiquetas que por lo general aseguran al lector una satisfacción instantánea de su curiosidad más instintiva pero que no le proporcionan ninguna información útil o relevante.

Ciertos sitios de noticias rebuscan contenidos repugnantes en las redes sociales y obsequian a sus lectores con titulares como «vendía armas en Facebook» u «ofrecía por Twitter servicios sexuales a bordo de los colectivos de Saeta». Una clara demostración de hasta qué punto alguien convierte en noticia determinados aspectos de la vida de las personas que por lo general no interesan a los demás.

Si en ciertos niveles ya es difícil luchar contra la mentira organizada, en las redes sociales y en los medios que, sin ningún tipo de cuidado se nutren de ellas para llenar sus contenidos, resulta mucho más difícil en el ciberespacio distinguir, sin aventurarse con un clic o un tap, entre un contenido de auténtica calidad y una «truchi news».

En una gran mayoría de casos, estas noticias de baja calidad están pensadas para atraer clics y «revenues», pero en otros casos, cuyo número no es para nada desdeñable, solo buscan llegar a un público poco exigente, que se presume numeroso y activo en las redes, con la intención de movilizarlo y captar su atención.

Estas noticias pueden contar verdades sin manipular los hechos, pero antes que propiciar la reflexión de los lectores o estimular su espíritu crítico, apuntan con su deficiente lenguaje a excitar la reacción inmediata y visceral de los lectores target, con el riesgo que ello supone para la buena marcha y la utilidad de los grandes debates colectivos.

Se equivocan quienes atribuyen la proliferación de este tipo de contenidos a la falta de buenos periodistas, tanto como yerran quienes confunden seriedad con solemnidad. Las «truchi news» son inyectadas a los circuitos digitales tanto por personas que ejercen la profesión periodística desde hace años, como por otras que apenas saben cómo poner una palabra detrás de la otra. Y la intoxicación se produce en medios que aparentan ser «serios» y por ello se revelan incapaces de mostrar el más mínimo sentido del humor o de utilizar de forma inteligente la ironía.

Por último, el fenómeno de las noticias de baja calidad es más visible en aquellos lugares en donde el nivel educativo y sociocultural de la población conectada es notablemente más bajo y los usuarios de las redes son menos críticos, menos exigentes, pero visiblemente más activos.

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