De los microbasurales a los ultrabasurales

  • La Municipalidad elimina una y otra vez las basuras acumuladas en lugares no permitidos. La gente poco higiénica no aprende. Quizá la clave esté en el nombre: 'microbasural' es una expresión muy divertida como para que algunas personas la tomen en serio. Hay que buscar otras formas de llamar a este fenómeno.
  • Los desafíos de la lengua y de la higiene

La acumulación de basura en lugares prohibidos constituye una de las más poderosas señas de identidad de la ciudad de Salta y es, casi con seguridad, el rasgo que mejor define la precaria convivencia entre quienes la habitan.


La Municipalidad local -hay que reconocerlo- hace lo que puede; unas veces quitando la basura acumulada, otras veces intentando convencer a los que la generan de los beneficios de la pulcritud y la limpieza. Pero los resultados no son los esperados.

Y es que no somos limpios, ni de casualidad. Los vertederos ocasionales proliferan y aunque la Municipalidad los elimina, vuelven a florecer con cierta puntualidad.

La comunicación oficial, a veces tan rebuscada, los ha bautizado como «microbasurales», pero esta denominación se antoja poco descriptiva, cuando no insignificante, puesto que solo atiende a las dimensiones del vertido y muchas veces no repara en que la acumulación de una cantidad aparentemente modesta de basura puede ser considerada una montaña descomunal o intolerable, dependiendo del lugar en que se encuentre y a las personas a las que perjudique.

Es evidente que si consideramos a la ciudad, en toda su extensión, como un «macrobasural», todas las pilas de basura que contiene, cualquiera sea su tamaño y extensión, podrán ser consideradas «microbasurales». Pero es que hay algunos de estos que son enormes (por ejemplo, por la cantidad de bacterias que se crían en su interior) y otros que aparecen y desaparecen con una cadencia rítmica que asustaría hasta a los mayas.

Hay que recordar que el Diccionario de la Lengua prefiere usar en estos casos el sustantivo «basurero», pero en nuestros usos lingüístico esta palabra está reservada para quien ejerce el oficio de recoger la basura; no para la acumulación de basura en sí. Por esta razón es que -a título de americanismo- en Salta utilizamos «basural», y lo hacemos correctamente, puesto que el sufijo -al indica, como dice el Diccionario, «el lugar en que abunda el primitivo». No hay dudas, pues, de que en Salta abundan los primitivos (los gramaticales y los otros).

¿Cómo llamarlos?

Nuestra lengua dispone para este propósito de un abanico -no demasiado extenso, reconozcámoslo- de prefijos que se podrían utilizar con cierto provecho.

Por ejemplo, se los podría llamar «extrabasurales», para dar a entender que la basura rebasa el espacio que la circunda.

También podría ser «ultrabasurales», que viene a significar casi lo mismo.

Pero hay otras denominaciones muy sonoras que se podrían adoptar (así como en Salta se adoptan perros y gatos y se vota con voto electrónico para elegir el nombre de un parque, bien podría convocarse un concurso para bautizar a la basura furtiva). Por ejemplo: «interbasurales», «circunbasurales», «postbasurales», «omnibasurales», «suprabasurales», «yuxtabasurales», «etnobasurales», «geobasurales», «peribasurales», «criobasurales» o «retrobasurales».

Todo depende en definitiva de la clase de basura de que se trate y de quién la tira sin contemplaciones hacia sus semejantes. Conviene dejar de lado lo de «microbasurales», que a estas alturas es casi ya un elogio.

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