
En la diaria comunicación del gobierno provincial de Salta ocupan un espacio importante las noticias que dan cuenta de la participación de la Provincia de Salta en determinados foros o instituciones, como los mal llamados «consejos federales» (de Salud, de Seguridad, de Trabajo, etc.).
En una enorme mayoría de casos se trata de una no-noticia pues el funcionamiento normal (y formal) de las instituciones casi nunca merece ocupar los primeros planos informativos.
El que representantes de la Provincia de Salta acudan a reuniones de las que no pueden ser excluidos forma parte de ese funcionamiento normal. Noticia sería, en todo caso, que cuando los representantes salteños llegaran al lugar de la reunión un patovica les prohibiera la entrada y que la representación conferida no pudiera ser ejercida.
La situación no cambia demasiado cuando reuniones de estas características se realizan en Salta, en donde el hecho noticiable no es la reunión en sí sino el lugar elegido para su desarrollo.
Nadie titula a cuatro columnas que los jueces de un tribunal se han reunido a deliberar, o que los ministros han despachado con el gobernador, o que los legisladores atienden sus asuntos ordinarios. Si esto sucede de puertas adentro, ¿qué sentido tiene destacar que el ministro fulanito o la ministra menganita han estado presentes en una reunión nacional en la que se supone deben estar?
Una vez más, lo que intenta el gobierno provincial es transmitir la impresión de que está en marcha, activo y atento a las cosas que pasan. Pero con esta insistencia en resaltar la cáscara en desmedro del contenido está consiguiendo el efecto contrario: que la gente piense (porque algunos se dedican al innoble arte de pensar) que en vez de estar en marcha están tan empantanados e inmóviles como siempre.
Como cualquier organización de base humana, los gobiernos atraviesan por fases más o menos duraderas de tribulaciones y de incapacidad de actuar. Si la administración es una actividad que no se detiene, el gobierno es algo que claramente puede acabar afectado de parálisis cuando -como en el caso del gobierno de Salta- nadie sabe muy bien hacia dónde se quiere ir.
Si ya poco se hacía antes de la derrota electoral, hay que pensar qué tan eficiente puede ser un gobierno cuyo jefe anuncia cambios en sus ministerios con un mes de antelación al relevo efectivo de ministros. En ese tiempo puede haber administración, pero no gobierno.
Quizá sea esa la razón por la que aparecen en las primeras planas de la comunicación oficial las noticias que no son noticias, como la participación de Salta en reuniones en las que debe estar y su presencia en sitios en donde no se le puede echar.