'Alias Chicho': El arrebato de dignidad de Arturo Viggiani

En 1975, cuando un periodista ligero de cascos publicó la muerte falsa del popular animador de bailes conocido como «Frangollito de Salta», el hombre, apoyado sobre un bastón, se presentó en la redacción del diario para clamar con fuerza: ¡No estoy muerto!

Lo que más indignó al falso fallecido no fue que alguien difundiera una noticia apócrifa sobre su deceso, sino que la crónica lo llamara «Arturo Viggiani, alias Frangollo».

«Me llaman alias el Frangollo, en circunstancias de que no soy un delincuente», bramó el hombre frente a una azorada mesa de redacción.

En efecto, el popular Frangollito de Salta era un personaje de las orillas, pero no un malviviente, y por eso lo ofendió sobremanera que alguien viera en su ancestral apodo -heredado de su padre, el hidalgo cabo Frangollo- un alias, como los que escriben arbitrariamente los sumariantes.

Ayer, cuando el juez Federico Armiñana Dohormann se refirió a Juan Rosario Mazzone, inmediatamente añadió «alias Chicho»; lo cual, lejos de ofender al condenado, parece haberlo inflado de orgullo, hasta el punto que abandonó la sede del tribunal en una reluciente camioneta blanca, saludado por unas damas que creyeron que había ganado el juicio.

Ahora, la tarea que tiene por delante Mazzone es enorme, por cuanto no solo se trata de limpiar su buen nombre, sino también su buen apodo.

No debió permitirle al juez que lo mencionara en la sentencia como «alias Chicho», pues en el contexto penal el alias tiene un significado peyorativo que ya claramente advirtió Frangollito hace más de cuarenta años. En palabras más o menos modernas se podría decir que es «estigmatizante». Es nada más ni nada menos que el prejuicio sobre una condición vil.

El empleo de alias en las actuaciones policiales o judiciales debería estar reservado a los delincuentes seriales, a aquellos que hacen uso de uno o de varios apodos para darse a conocer o hacerse respetar en el mundo del delito. Pero no se debería utilizar los sobrenombres de las personas como sucedáneos de la identificación criminal. Sobre todo, cuando se trata de personas que han sido condenadas por primera vez.