La palabra «causa» tiene en Derecho varios significados, algunos de los cuales -como el de razón objetiva determinante de las obligaciones emergentes de un negocio jurídico- han sido objeto de enjundiosos estudios por parte de la doctrina. Pero la palabra sirve también para designar a los procesos criminales que se instruyen de oficio o a instancia de parte. Este significado se corresponde con la quinta acepción del Diccionario.
Ahora bien, en el sentido que acabamos de ver, «causa» es sinónimo de «proceso», pero solo referido a aquellos que versan sobre la aplicación de la ley penal.
Existen, por supuesto, las «causas» civiles, pero en esta parcela del Derecho la palabra no designa al «proceso» en sí mismo sino al litigio o a la controversia jurídica que se entabla entre las partes. De allí que sea incorrecto aludir a las «causas» civiles para llamar a los procesos o juicios entre particulares por asuntos patrimoniales, familiares o relacionados con el estatuto de las personas.
Si de algún modo es admisible, o al menos dispensable, que el lenguaje periodístico tienda a simplificar y llamar «causas» a todos los procesos, sean civiles o penales, nada justifica que sean los jueces o la comunicación oficial judicial la que confunda entre unas «causas» y otras.
No es razonable que así suceda, porque entre el proceso -que es un instrumento- y el litigio -que es un objeto sobre el que se aplica el instrumento- hay sustanciales diferencias conceptuales, cualitativas y ontológicas. En materia civil puede haber un litigio sin proceso, pero casi nunca un proceso sin litigio, pues extinguido el litigio el proceso también debe morir.
Alguien puede mantener una «causa» civil con un vecino por una pared medianera, pero esa «causa» solo generará un «proceso» (un juicio) si uno de los dos demanda al otro en los tribunales. Y habrá un «litigio», en sentido estricto, solo cuando el demandado conteste la demanda y se oponga a la pretensión ejercida en ella.
No obstante, hay que admitir que la palabra «causa» se ha puesto de moda a raíz de la alarmante proliferación de casos de corrupción política y económica. Pero de allí a considerar que todo expediente judicial equivale a una «causa» hay una diferencia importante, que si no la sabemos apreciar, podríamos llegar a cometer equivocaciones igualmente importantes.