«El actor cree que todos son de su condición».Ésta es la conclusión provisional que se desprende de la aparentemente falsa acusación formulada por la señora Isabel Macedo (nueva esposa del Gobernador de Salta) y que sostiene que un enfermo febril que esperaba ser atendido en los pasillos del hospital de Orán, a mediados del pasado mes de abril, se tiró a propósito al suelo, segundos antes de que el gobernador Urtubey y su hoy flamante esposa pasasen por el lugar.
La versión aportada por la actriz en una entrevista concedida al canal América de televisión es de por sí inverosímil, ya que en el vídeo que documenta la escena se puede apreciar con claridad que ni Macedo ni Urtubey, que ya venían caminando por un pasillo estrecho y poco iluminado del hospital, pueden ver lo que sucede en el siguiente pasillo, al que solo se accede tras doblar a la derecha.
Justo en el momento en que Urtubey y Macedo abandonan el primer pasillo para internarse en el segundo, una mujer que se encontraba grabando la escena con un teléfono celular se dirige al Gobernador y le dice en voz alta: «¡Doctor, doctor, mire cómo está ese hombre tirado ahí, qué vergüenza!» (ver minuto 2:30 del footage).
Según Macedo, el hombre en cuestión no estaba tirado en el suelo cuando ella y su esposo entraron al pasillo, sino que este hombre «se tiró» en ese preciso momento. La versión, sin embargo, se contradice abiertamente con el anuncio previo de la mujer del teléfono celular, efectuado cuando la pareja se encontraba aún en el primer pasillo, sin visión del segundo.
Desmentida del propio enfermo
Por si la evidencia del vídeo fuese insuficiente, el propio afectado por la versión de la actriz -el enfermo que se hallaba tumbado con evidentes signos de dolor- salió a negar que se hubiera «tirado al suelo» mientras el Gobernador y su entonces novia efectuaban su paseo triunfal, aunque apresurado, por los pasillos hospitalarios.Según medios de comunicación de la ciudad de Orán, el afectado -un hombre llamado Raymundo Aguirre- reaccionó frente a las declaraciones de Isabel Macedo diciendo: «soy chofer de camiones, no actor».
De acuerdo con estos mismos medios, durante el pico epidémico del dengue que se produjo en Orán a comienzos del pasado otoño, estuvo más de dos semanas internado en el hospital a raíz de una infección de chikungunya. Aguirre sostiene que está documentado que el suyo fue el primer caso de esta enfermedad registrado en Orán.
El día de la visita de Urtubey y Macedo, el chofer de camiones se encontraba, según sus propias manifestaciones, con fiebre y dolor articular intenso, síntomas propios de la grave enfermedad que padecía. Si decidió acostarse en el suelo no fue para molestar al Gobernador ni llamar la atención de su novia, sino para que el frescor del piso le ayudara a bajar la temperatura corporal y a calmar los dolores, sin perder su lugar en la fila en la que esperaba para la extracción de sangre. «Nunca me tiré. Estaba en el piso, dolorido», dice Aguirre.
El camionero dio a entender que aquel día sintió mucho miedo, pues horas antes había sabido de la muerte de una mujer por dengue y que temía razonablemente por su vida, ya que la enfermedad del chikungunya «es paralizante, más fuerte que el dengue», y porque es el único sostén de su familia.
Aguirre piensa que Isabel Macedo y la esposa del Vicegobernador (señora Elizabeth Kiriaco) deben pedir perdón a todos los enfermos de dengue, a los que han ofendido.
Acostumbrate, hijita
Residentes en Orán han criticado no solamente la versión de los hechos aportada por la flamante esposa de Urtubey, sino también, especialmente, el temerario consejo que recibió aquel día, cuando vio de cerca y sin filtros los estragos de la pobreza en la población enferma.Según Macedo, alguien le dijo que «tenía que acostumbrarse» a situaciones como las que había vivido en el Hospital de Orán. O lo que es lo mismo, que debía vivir, la pobreza, la enfermedad, el desamparo e, incluso la mentira, con naturalidad, como si fuesen la cosa más normal del mundo.
Aunque la actriz se ha cuidado mucho de decir de quién partió semejante consejo -rayano en la insensibilidad más inhumana- algunos oranenses sospechan que la única persona que, por experiencia propia, pudo haber aconsejado una cosa semejante es el ahora feliz esposo de la señora Macedo.