Según las estimaciones oficiales, el pasado jueves 21 de abril, solo en la ciudad de Orán se recogieron 1.200 toneladas de chatarra. La cifra impresiona, pero en realidad la «mercadería» incautada, apenas si llega a completar una media docena de camiones y unas pocas decenas de viajes al vertedero a cielo abierto. La eficaz acción deschatarradora de los oranenses fue posible, en parte, gracias a que la jornada fue declarada no laborable por el Intendente local, con la esperanza de que los mosquitos pudieran también tomarse un respiro.
Lo curioso es que este inusual volumen de chatarra es recogida y presentada ante los medios como una hazaña cívica cuando promedia el otoño; lo que lleva a formularse la pregunta más elemental: ¿qué diablos hizo durante el verano el intendente Lara Gros, sabiendo que el peligro del dengue era muy elevado?
Por otro lado, el botín obtenido por los descacharradores saca a la luz un problema que muchos se apresurarían a definir como «cultural», pero que no es más que socioeconómico. La mayoría de los oransenses vive en una pobreza que en otro lado del planeta hubiera disparado todas las alarmas, y desencadenado tremendas consecuencias políticas. Y mucha de esa pobreza se debe a las políticas que en el lugar aplican y dejan de aplicar tanto el señor intendente Lara Gros, como su hermano de sangre, el gobernador Urtubey.
Nada sería encontrar chatarra en Orán como para inundar el vertedero municipal de objetos inútiles sino el hecho de estamos hablando de la segunda ciudad más poblada de la Provincia de Salta, y uno de los territorios con mayor riqueza. ¡Cómo serán los otros! se preguntarán muchos. Lo cierto es que Orán y su zona de influencia, además de criadero natural de mosquito, es el territorio natural de la pobreza. Algo funciona mal en la relación entre empresas, trabajadores y gobierno.
Descubrir las condiciones vergonzosas en que viven miles de comprovincianos es desagradable para cualquiera. Pero para los políticos debería ser un motivo para plantearse una dimisión inmediata y duradera que los aleje de por vida de la responsabilidad pública. Semejante niveles de pobreza, de desidia y de suciedad no es casual: obedece a la instrumentalización de miles de ciudadanos cuyas carencias se han convertido en un elemento fidelizador del voto. Los oranses deberían darse cuenta de ello y reaccionar inmediatamente.
Un vector inevitable
Las palabras del intendente Lara Gros sobre que el mosquito es parte del paisaje de Orán, antes que exculpatorias, son irresponsables. A nadie que sepa con certeza que el mosquito vive allí como si fuera su casa se le ocurriría abandonar el combate contra el dengue y las otras enfermedades víricas transmitidas por el mosquito.Es verdad que Lara Gros no es responsable directo de la atención sanitaria en su municipio, pero no es menos cierto que un Intendente tiene que saber con certeza cuál es el impacto de una epidemia de estas características sobre la población que gobierna. El de Orán no sabe ni cuántos muertos ha producido el dengue, ni cuántos son los casos diagnosticados en el hospital local, así como tampoco la prevalencia de la fiebre chikungunya. Así, es muy difícil combatir a la enfermedad.
Ministro descontrolado
La crisis del dengue no solo ha servido para mostrar los peores tics aristocráticos del Gobernador de la Provincia, sino también para dejar en evidencia la poca preparación de sus colaboradores.Un ministro habitualmente tranquilo y de perfil bajo, como se suele decir por aquellos lares, se ha convertido de golpe en un ayatollah, capaz de acometer verbalmente contra los curas del lugar, incluido el mismísimo obispo.
Oscar Villa Nouguès ha visto como un intendente con llegada al Gobernador era capaz de meter mano en el gabinete de salud e inducir el cese de un alto funcionario. Pero no ha podido hacer llegar más médicos y más recursos sanitarios a Orán, en el momento en que la población más los necesitaba.
Si, como indican algunos agoreros, el ministro será cesado ni bien aterrice de regreso el Gobernador enamorado/viajero, cabe esperar que se conozca la verdad acerca de la carencia de recursos médicos para apuntalar el hospital de Orán. Tal vez Villa Nouguès sepa quién se llevó el dinero que se necesitaba para luchar contra la enfermedad y, si acaso, qué hizo con él.