'Aquí descansa un proyecto'

El pleno del Concejo Deliberante de la Municipalidad de Salta ha decidido, con buen tino, no tratar sobre tablas el proyecto del «tumbeférico», tal y como es conocida extraoficialmente la iniciativa del concejal Mario Moreno para crear en el Cementerio de la Santa Cruz un circuito turístico de pago.

El proyecto venía precedido de una pomposa campaña de promoción mediática de las presuntas excelencias arquitectónicas de nuestra necrópolis más antigua, así como de una exagerada exaltación del relieve histórico de los personajes allí enterrados.

Aunque quizá la parte más débil del proyecto de Moreno era el eslogan del circuito, que pretendía atraer público de otras latitudes con la pueril frase: «Aquí descansa la historia».

Al parecer, fue el ínclito profesor Cáseres el que puso a Moreno sobre antecedentes de que la historia -nuestra historia- no descansa sino que bulle. Una visión estática y petrificada de nuestro pasado es lo que menos conviene en estos momentos a la Provincia, habría argumentado el enjundioso profesor.

Por otro lado, otros han hecho notar que a las «grandes joyas arquitectónicas europeas» que según algunos expertos de cabotaje existen diseminadas en el cementerio les hace falta una buena mano de cal, ya que muchas de ellas se hallan en pésimo estado de conservación y no es precisamente la Municipalidad quien deba proveer a su mantenimiento y «puesta en valor», como se dice ahora.

Otro de los puntos débiles del proyecto de Moreno es su idea de que «todo lo recaudado» se reinvierta en el cementerio. Los críticos de esta iniciativa han dicho que sería más respetuoso de los difuntos y de sus deudos que, en lugar de cobrar entrada para visitar el lugar, se instalara un tumbeférico desde el Portezuelo hasta el círculo central de la cancha de Libertad, de modo que los turistas puedan apreciar a vuelo de pájaro las maravillas visuales que ofrecen los nichos de la galería sur y el osario común.

La ciudadanía -con el profesor Cáseres a la cabeza- espera que después de este revés parlamentario, el concejal Moreno se convenza de que la historia no descansa, ni aquí ni en ninguna parte y que bastan tres o cuatro trotskistas que no creen en la inmortalidad del alma humana (y que tienen buen olfato a la hora de detectar los negocios ocultos) para acostar el más perfecto de los proyectos de ordenanza.