
El bienestar animal parece haber alcanzado en Salta unas cotas similares o superiores a las del bienestar humano. Al menos eso se desprende de las informaciones oficiales que dan cuenta de que después de un gran despliegue de recursos para atender a los denominados «caballos carreros» la Municipalidad de esta ciudad ha lanzado un operativo para identificar a los «perros peregrinos», en el marco de un programa denominado, con gran imaginación, «Mascotas del Milagro».
A pesar de que la autoridad ha «empadronado» a casi doscientos caballos tiracarros, solo un puñado de ellos ha sido entregado por sus propietarios a la Municipalidad, la cual a su vez los ha cedido a una fundación que trabaja en la rehabilitación de niños con discapacidad, pero para que los caballos hagan «niñoterapia» y no tanto -según parece- para que los niños hagan equinoterapia.
Ahora con los «perros peregrinos» el asunto es diferente, pues la Municipalidad no se apropiará de ellos, a pesar de contar con magníficas comodidades para los canes sin dueño en el vivero municipal de la zona sur de la ciudad. De acuerdo con la información oficial, lo que se propone la autoridad es identificar a las mascotas que acompañan las peregrinaciones para evitar que se pierdan en la gran ciudad.
Para ello se conformarán equipos que se apostarán de manera estratégica en distintos puntos de acceso a la ciudad, pero no para dar la bienvenida a los peregrinos, sino para agasajar a los perros que lleguen con ellos. No se descarta que se apunte como voluntaria la Primera Dama provincial, señora Isabel Macedo, ya que es conocida su pasión por los perros desamparados. Si este fuera el caso, los voluntarios apuestan a que Macedo lleve ya desde la casa tejidos unos coquetos pulovercitos caninos.
La identificación no será con chips (se quemaron todos ellos en el voto electrónico de las últimas PASO) sino con el método un poco más rudimentario de pañuelos y collares de colores, como acostumbran a señalizar los viajeros desconfiados las valijas que salen por la cinta de los aeropuertos.
Pero la cosa no se queda ahí: los voluntarios alimentarán a los perritos, les darán de beber y procurarán que en vez de seguir a las jaurías alborotadas que vagan detrás de los efluvios una perra en celo, se centren en su misión piadosa y no abandonen las peregrinaciones de las que forman parte.
De acuerdo con cifras oficiales de la Municipalidad de Salta, el «saldo migratorio» del año pasado fue de veinte perros que llegaron peregrinos y que se convirtieron en atorrantes, al desprenderse de sus grupos. Evidentemente, la gran ciudad no es solo una tentación para los humanos.
Los canes interesados pueden comunicarse al email
Las inscripciones se recibirán hasta el 5 de septiembre, día previo al comienzo de la Gran Fiesta.