Un marco para estos retratos, por favor

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El Concejo Deliberante de la Municipalidad de Salta, como otras instituciones provinciales, tiene una sala de retratos a modo de homenaje a quienes ejercieron el cargo de presidente de ese cuerpo. Salas como esta hay en la Cámara de Diputados, en la Corte de Justicia y hasta en la sede de la Asociación Odontológica de Salta.

El homenaje es mucho más efectivo e impactante, en la medida en que los retratos de los agraciados sean de calidad y no la ampliación de una foto prontuarial o la reproducción más o menos afortunada de la siempre infeliz foto del documento de identidad.

Tampoco parece muy respetuoso, en el caso de los presidentes fallecidos, colocar en las galerías oficiales la misma foto de la placa de loza colgada en su tumba o esa, generalmente sonriente, que en su día publicó el diario en la sección de sepelios.

Pero dejando a un lado el detalle estrictamente fotográfico, a esta sala de retratos del Concejo Deliberante le hacen falta los servicios de un buen artesano experto en marcos.

Colocar las fotos de los expresidentes deliberantes, sean estas buenas o malas, en un soporte de vidrio de 15 pesos, de esos que venden en los bazares orientales de más ínfima calidad, no parece un buen detalle. Más bien, parece un ajuste de cuentas con los homenajeados.

En la foto que ilustra estas líneas, sin ir más lejos, los periodistas presentes parecen estar sentados en una comisaría en donde le son exhibidas las fotos de los enemigos públicos número uno de la sociedad. Menos mal que algún expresidente del Concejo aparece en la foto con un sombrero de ala ancha, como en las películas de los años treinta, aquellas en las que aparecían también los teléfonos blancos.

El detalle más impresentable, sin dudas, es tener dos retratos diferentes del exconcejal César Oveja Álvarez, uno cuando era un joven estudiante con abundante cabellera y bigotes renegridos, y otro en su madurez, con la cabeza rala y una barbilla blanquecina. Parece salida de esos antiguos avisos de tintura para el pelo en los que aparecían dos fotos del mismo hombre con la leyenda «las canas envejecen».