¡Ojo! Cemento fresco

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Esta ola de güemesianismo nostálgico y plañidero que todo lo invade, ha llegado hasta la muy modesta Villa San Antonio, al sur de la ciudad de Salta, en donde se erige la muy pequeña pero muy noble plaza Macacha Güemes.

Al parecer, el acerado interior estaba en condiciones manifiestamente mejorables, razón por la cual la Municipalidad de Salta, a través de la Secretaría de Obras Públicas y Planificación Urbana, se dispuso a arreglarlo.

Como se puede apreciar claramente en la fotografía adjunta, el arreglo quedó hecho un primor, pero un animal -probablemente un yaguareté- clavó sus garras en el cemento fresco y caminó sobre él algunos metros.

Por esta razón, es que los sufridos enlosadores municipales han tenido que colocar algunos obstáculos disuasorios. En este caso, nada de balizas, nada de cintas con la leyenda «no trespassing», nada de alambre de púa.

Como también se ve en la foto, el bien abrigado operario colocó en la boca Norte del camino unos pedruscos de regulares dimensiones, pero cuya forma por sí sola ameritaría un cónclave de expertos en esoterismo maya.

Al haberse acabado las piedras (hechas de un material tan extraterrestre como el cuchillo de Tutankamón) no quedó más remedio que colocar en la boca Sur unas ramazones de churqui sujetas por un fratacho. Lo más llamativo sin embargo es esa especie de tridente de palo, con el que el trabajador municipal coloca las irregulares ramas sobre el pavimento.

También es curioso que el ala Oeste del camino esté descubierta, pues justamente allí es donde aparecen las huellas dactilares del gran felino americano. Hubiera sido más práctico levantar allí un paredón hecho de mortero y argamasa. Ni los rinocerontes hubieran podido traspasarlo.

Al finalizar la tarea, el tridente de palo fue trasladado al Centro Cívico Municipal y colocado en la oficina del intendente Sáenz. Con él -dicen los más allegados- acomoda los soldaditos en la mesa de arena que tiene dispuesta en el Salón de Intendentes.