
Desde que Neil Armstrong le prometió a su mujer que iba a ser el primer hombre en pisar la superficie de la luna, no se conocía una promesa cumplida tan históricamente trascendente como la del señor Gustavo Sáenz, el Intendente Municipal de Salta, quien, a través de las redes sociales y los canales oficiales de comunicación de la Municipalidad, ha hecho saber que cumplió con su promesa de poner luz en la perrera municipal.
Bajo la consigna «Dogs in the dark, no more», el Intendente dejó inaugurado ayer lo que él y sus comunicadores llaman «Nuevo Sistema de Iluminación del Refugio para Mascotas de la Municipalidad» (NSIDRPMM), un sueño largamente postergado y una obra de primera necesidad para la cada vez más nutrida colonia canina municipal.
Tanta fue la alegría del Intendente, que en sus declaraciones posteriores al encendido de los reflectores perrunos, dijo muy satisfecho: “Cuando hay voluntad política, todo se puede lograr”.
Mientras tanto, los ciudadanos vecinos de la ciudad -y por qué no también los perros- esperan que la «voluntad política» del señor Sáenz alcance también para superar el actual bloqueo financiero de la Municipalidad y poder así pagar las facturas pendientes y los cheques diferidos que van venciendo. Porque si la voluntad política del Intendente alcanza para «todo», como él dice, los salteños no tendrán que esperar mucho para tener una calles decentes y un tráfico seguro y ordenado.
Seis focos y sesenta metros de cable
La magna obra de Sáenz consistió en la instalación de tres columnas de las que se utilizan para el alumbrado público con dos focos cada una. En total seis focos, que los huéspedes están disfrutando con locura.A todo esto, se tendieron más de 60 metros de cable apropiado para intemperie y se habilitaron lo que el Intendente llama «bocas de luz» (nueve en total) y otros tantos tomacorrientes, para que los perritos puedan cargar su celular.
En realidad, el comunicado oficial dice que estos tomacorrientes serán utilizados para enchufar heladeras en las que se guardarán las dosis de vacunas y artefactos para el cuidado de los animales, lo cual induce a pensar que si hasta ahora el refugio canino carecía de estas mínimas comodidades, más que hotel de mascotas, el lugar era solo hasta ayer un auténtico campo de exterminio.