El Intendente Municipal de Salta en persona ha informado que la administración a su cargo practica unas 50 notificaciones por día a los propietarios de terrenos baldíos que no cumplen con las normas establecidas en la vigente ordenanza de higiene pública. Al parecer, para el señor Sáenz el número de notificaciones es un indicador de eficiencia burocrática, pero su declaración no arroja mucha luz sobre el tema, ya que no indica por qué razón las notificaciones en lugar de ser 50 no son 500, teniendo en cuenta la generosa dimensión de la planta de agentes municipales y el alto porcentaje de ellos que se mantiene sin hacer nada.
Tampoco aclara el Intendente por qué motivo sus cerebros jurídicos le han aconsejado la notificación personal y desechado la posibilidad de notificar a los propietarios de los terrenos a través de edictos. Todo un misterio municipal.
Dice el Intendente que estas notificaciones forman parte de las medidas preventivas para evitar la «radicación» (sic) de los brotes de dengue. La alegría del jefe comunal parece indicar que en vez de notificar a los propietarios, los agentes municipales han notificado directamente a los mosquitos, intimándoles a que se retiren inmediatamente del «ejido capitalino».
Dicho en otros términos más amistosos, una notificación municipal está lejos de ser una medida preventiva contra el dengue, como afirma el Intendente, ya que lo que espera la población no es que comiencen a correr plazos administrativos y se abran expedientes sancionadores, sino que la Municipalidad -con amparo en la declaración de emergencia mundial formulada por la Organización Mundial de la Salud- proceda sin dilación alguna al saneamiento de los terrenos baldíos, sin esperar a que los propietarios decidan si atender o no la intimación municipal.
Sería interesante que el Intendente y su equipo supieran que en Brasil, los fumigadores disponen de una autorización legal para ingresar a propiedades privadas, sin necesidad de notificaciones ni de parlamentos. Si no les abren la puerta, la echan abajo. La gravedad de la amenaza para salud justifica plenamente este tipo de intervención expeditiva de la autoridad.
Ahora bien, si el Intendente y sus funcionarios carecen de la capacidad operativa necesaria para hacer estas limpiezas de choque de forma inmediata o en un plazo razonablemente breve, lo mejor es que lo digan abiertamente y no que salgan a celebrar el éxito de un operativo de notificación como si las cédulas y los sellos tuviesen milagrosas propiedades insecticidas.