La respuesta es muy sencilla: cuando el intendente que acaba de llegar al cargo, una de las primeras cosas que se propone hacer, es remodelar la plaza del pueblo, estamos en presencia de un intendente aldeano. Los que se ocupan de los asuntos importantes, como el equilibrio del sistema urbano, la calidad de vida de los ciudadanos y la conexión de la ciudad con el mundo, son, por el contrario, cosmopolitas.
En los últimos cincuenta años, no ha habido en la ciudad de Salta intendente municipal que no haya acometido la remodelación de la Plaza 9 de Julio. Lo hicieron los intendentes de la dictadura militar y casi todos los de la precaria democracia. Cada uno hizo su intento de dar una fisonomía diferente a una plaza principal, que a pesar de los millones y millones que se ha gastado en su reforma a lo largo de estos años, sigue pareciéndose peligrosamente a sí misma.
El actual Intendente Municipal de la ciudad, señor Gustavo Sáenz, también ha querido apuntarse a esta fiesta, y al igual que su antecesor (que hizo la misma operación varias veces) habla de «recuperar» la Plaza, como si esta estuviese destruida o inservible.
No está demás recordar hace menos de dos años -en mayo de 2014- el intendente Miguel Isa, el gobernador Urtubey y el todopoderoso banquero Jorge Brito firmaron un solemne convenio cuyo objeto no era otro que para «recuperar» y «poner en valor» la Plaza 9 de Julio.
Estos trabajos finalizaron hace un tiempo ya, por lo que llama la atención que en tan corto periodo de tiempo la Plaza haya vuelto a arruinarse, al menos de una forma tan grave que el actual Intendente vuelva a proponer «recuperarla» y «ponerla en valor».
Remodelar la Plaza 9 de Julio es un gesto de despecho machista. Es la forma de marcar el territorio del que acaba de llegar al poder y quiere que de las obras del anterior inquilino del palacio no queden ni huella. No importa que la ciudad tenga otras prioridades, como la seguridad de los desplazamientos por la calle o la salubridad de los alimentos: hay que reformar la Plaza, cueste lo que cueste, porque si no lo hacemos corremos el riesgo de que nadie en el futuro recuerde que alguna vez pasó por la Intendencia Municipal un señor de apellido Sáenz.