El infeliz regreso del gauchito oteador (un gauchito muy gil)

Uno de los grandes aciertos del gobierno de Urtubey (si acaso, el único) es haber hecho desaparecer de la iconografía oficial la imagen del gauchito oteador que se había convertido en el símbolo de facto del gobierno de Romero.

Todo el mundo en Salta celebró en su momento que los documentos oficiales, los carteles públicos y el sitio web del gobierno tuvieran como único elemento identificador al Escudo Provincial, unido a una tipografía sobria y felizmente estable.

Pero para el nuevo Intendente Municipal de la ciudad de Salta, Gustavo Ruberto-Sáenz, las cosas son diferentes. Cansado tal vez de que fuese la silueta del cabildo la que identificara a la Municipalidad, el señor Sáenz ha resuelto volver al gaucho, con lo que automáticamente su gobierno ha retrocedido unos diez años, hasta remontarse a épocas felizmente superadas.

Se trata de un fenómeno realmente extraño, teniendo en cuenta que el intendente Sáenz ha estrenado recientemente una pomposa oficina de «modernización».

La misma sensación de añejo, de desfasado en el tiempo y de retroceso ha dejado la re-designación de una antigua Jueza Municipal de Faltas, que a su creciente falta de frescura y su pasado visceralmente kirchnerista une su probada pasión por los escándalos y el mal gusto.

No todos en Salta son gauchos ni se sienten identificados con estos. Para muchos -aunque no sean mayoría- el gaucho es el símbolo del atraso, de la aristocracia parasitaria y de los privilegios.

Por otra parte, el culto gubernamental a Güemes -una práctica recalentada y que demanda una urgente revisión- está resultando cada vez más chocante a los ciudadanos. Por mucho que la figura del ilustre general sea ampliamente aceptada, no parece bueno que se la utilice para experimentos de esta naturaleza, en donde se mezclan personalismos de nuevo cuño, técnicas de marketing y disputas ideológicas.

En resumen, que si el señor Sáenz quiere modernizar de verdad la Municipalidad, haría muy bien empezando por eliminar al gauchito oteador de sus perfiles en las redes sociales y de otros lugares públicos. Salvo, por supuesto, que quiera pasar como un Intendente anticuado y de costumbres rancias.