
No está el patio como para hacer bromas con las desgracias, pero esta tarde se puede decir que casi todo el mundo en Salta esperaba, de un momento a otro, la explosión de Gustavo Sáenz. Y esta finalmente se ha producido.
Quizá no ha sido la explosión que él habría deseado, pero la que hace dos noches hizo volar por los aires al laboratorio de bromatología y al Tribunal de Faltas municipal, dejándolos soplados como un castillo de naipes, ha sido una forma de poner a Gustavo Sáenz en órbita.
Tanto, que en pocas horas su imagen ha dado la vuelta a todo el dial del cable nacional, duplicando o triplicando las apariciones de Juan Urtubey y Alfredo Olmedo, derrotado en centímetros con o sin accidente en la autopista.
Haya sido por causa de una llave de gas mal cerrada o por un sabotaje, lo cierto es que la imagen de la chancha intacta tras la feroz explosión se ha convertido en todo un símbolo del saencismo: el de la resiliencia.
Entre tanta pared derrumbada, tantos techos reventados, tanta mampostería volada, ver a esa chancha todavía inflada de orgullo entre macetones de gomero semideshojados, es como ver a Sáenz intacto, flotando como un ángel sobre la maldad y la inoperancia humanas. La incolumidad de la chancha recuerda mucho a esas imágenes religiosas que se salvan de la destrucción de las iglesias durante bombardeos o catástrofes naturales.
Pero la explosión no solo ha dejado esta especie de imagen religiosa en la retina de los salteños. También ha permitido ver la poca sensibilidad humana de algunos dirigentes políticos como el gobernador Urtubey, que ha seguido los pormenores de la explosión por TV (cuando la pelota se iba al córner durante la final entre Boca y River) y que no solo no ha enviado ni un solo mensaje de solidaridad a la administración municipal o a los vecinos residentes en los barrios afectados, sino que ha considerado irresponsablemente que las consecuencias de la deflagración tenían que ser atendidas exclusivamente por Sáenz y su equipo.
Todo un experto «reventador de calles», como el señor Pino Paz Posse, tampoco se hizo presente en el lugar, aunque los equipos municipales evalúan pedirle ayuda para terminar de demoler la parte de la blanquecina construcción que ha quedado en pie.
En las próximas horas tomará estado parlamentario un proyecto de ordenanza para que el Concejo Deliberante de la ciudad instituya el día 11 de noviembre como el Día de la Resiliencia Municipal o Día de la Chancha, que todos los años se celebrará al pie del monumento al General San Martín, erigido en el parque homónimo. La elección del lugar no es casual, por supuesto, ya que los impulsores de esta medida recuerdan que «a cada chancha le llega su san Martín».