
La noticia del reciente encuentro en Buenos Aires entre el interventor judicial designado del Partido Justicialista, Luis Barrionuevo, y el Intendente Municipal de Salta, Gustavo Sáenz, ha dado pie a un sinfín de especulaciones acerca del significado del gesto de ambos políticos.
Quienes aseguran que la decisión judicial de intervenir el PJ nacional es una maniobra del presidente Macri, han creído encontrar en la foto una confirmación de sus teorías conspirativas.
Otros, sin embargo, prefieren pensar que lo que está diciendo esta minicumbre es que Sáenz se apresta a tomar las riendas del Partido Justicialista de Salta, tesis sostenida, entre otros, por el incombustible presidente de la Cámara de Diputados de Salta, señor Manuel Santiago Godoy.
Lo cierto es que, en cualquiera de los dos casos, la aproximación de Gustavo Sáenz al aparato formal del Partido Justicialista es contemplada, desde dentro y desde fuera de la coalición Cambiemos, como una maniobra arriesgada, como un paso en la dirección equivocada.
No es un descubrimiento para nadie que Sáenz cuenta con una variedad importante de apoyos políticos y que sus posibilidades de competir por el sillón de Gobernador de Salta en 2019 se acrecientan en la medida en que los candidatos que asoman en el cuasihegemónico Partido Justicialista (Parodi, David o Kosiner) son tan inconsistentes que le dejan a Sáenz un amplio terreno de maniobra.
Si a eso se suma la promesa -siempre revocable- del actual Gobernador, Juan Manuel Urtubey de que será «neutral» en la próximas elecciones, pocas dudas caben que lo que tiene que hacer Sáenz es mantener el pulso firme en la huella que ha impreso a su administración, sin ceder a las tentaciones peronistas.
Es imposible no recordar que Sáenz se ha reinvindicado una y otra vez como un «peronista de raíz», pero una cosa es ser o sentirse de esa manera y otra muy diferente hacer coincidir los sentimientos con el sello o con la camiseta, lo que solo se justificaría si estos atributos aportasen más al candidato y no menos, como parece ser el caso.
Por otro lado, buena parte de los socios de Cambiemos no entenderían una alianza con el PJ, ni con un PJ «macriófilo» como el que podría encarnar Sáenz.
Tan equivocado como esto sería que el actual Intendente de Salta acariciara en sus sueños el deseo de conquistar la hegemonía política en Salta, con las mismas armas y con los mismos argumentos que en su día esgrimieron, con enorme sacrificio para las libertades y la democracia, los señores Juan Carlos Romero y Juan Manuel Urtubey.
De nada vale que Sáenz se ofrezca como un futuro Gobernador «moderado» si en su fuero íntimo desea ser todo lo contrario.
Solo si Sáenz se plantea ser un Gobernador no peronista, solo para cuatro años, podrá haber Sáenz para rato. De lo contrario, lo que habrá será una reedición (una mala copia) de los tediosos, largos y omnímodos gobiernos de sus antecesores, que es precisamente lo que una mayoría de los salteños no quiere, por razones que son clamorosamente obvias.