El realismo idealista de Edmundo Falú

  • ¿Son suficientes tres propuestas para apuntalar una candidatura a diputado nacional? ¿O lo que conviene es prometer a los salteños que podrán bajar la luna con las manos? Edmundo Falú tiene la respuesta.
  • Un candidato atípico
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El candidato a diputado nacional por Salta del Frente Popular para la Liberación, Edmundo Falú, ha acaparado en estos días la atención ciudadana, por un detalle de su campaña que no puede ser calificado sino de curioso o atípico.


El prestigioso cardiólogo ha sorprendido a buena parte de los salteños con un abanico acotado de propuestas (se reducen a tres), lo que contrasta con los centenares de ocurrencias -una más disparatada que la otra- que enarbolan sus oponentes.

Consciente de que el Congreso de la Nación está muy lejos de ser la Isla de la Fantasía y que un diputado no es un mago de esmoquin que saque conejos de la chistera, el candidato de la izquierda democrática salteña plantea: 1) acabar con el hambre en la Argentina; 2) evitar la insolidaridad entre generaciones de argentinos impidiendo el descontrol de la deuda; y 3) reformar el sistema público de salud para hacerlo más eficiente y transparente.

Vistas en la superficie, parecen ideas bastante comunes y, hasta cierto punto, irrealizables. Pero quien conozca a Falú sabe que, de resultar electo, pondrá todo su empeño y su capacidad política en que estos objetivos se alcancen de una manera racional, consensuada y, sobre todo, eficaz.

Obsérvese que Falú (que algo de bypasses sabe) no propone construir puentes, conectar cloacas o colocar cordones cunetas. Tampoco lleva en su plataforma esas reivindicaciones sectoriales que tanto seducen a aquellos candidatos que quieren quedar bien con todos y que abusan, por ello, del llamado «lenguaje políticamente corecto». Falú sabe lo que es el interés general tiene argumentos para defenderlo.

Las suyas son propuestas afianzadas con los dos pies sobre la tierra, aunque en un primer momento y sin la necesaria reflexión parezcan unas ideas algo utópicas.

Sin embargo, por su profunda conexión con la realidad y sus ambiciosos horizontes, son propuestas que demandarán un intenso y minucioso trabajo parlamentario, y que, en el caso de concretarse, sentarán las bases para un progreso sostenido y con equidad del país en su conjunto, algo que nunca podrán conseguir las ideas «federalistoides» y «salteñófilas» como las de Andrés Zottos y otros candidatos que lo único que se proponen es desplegar un poncho rojo en la sede de la representación de la soberanía popular de todos los argentinos, creyendo con ello haber encontrado las claves del universo.

Falú es capaz, como casi ninguno de sus oponentes, de explicar sus propuestas con la necesaria solvencia y claridad. Los otros, según se ve, han jugado sus cartas a pequeños lloriqueos acomplejados, propios de los polvorientos embajadores de la periferia, que por su simpleza y falta de altitud de miras se explican por sí solos. El tiempo de «llevar todo para Salta» se ha acabado y hoy lo que toca es reforzar la cohesión, la unidad y la justicia territorial de un país extenso y desvertebrado.

En suma, que Falú -cuyo padre fue un brillante diputado nacional por Salta- sabe que su papel como futuro legislador no es el de refundador de la patria y que, en caso de que así lo decidan sus conciudadanos, ejercerá el cargo con discreción, responsabilidad y eficacia. Que es, justamente, lo que les falta a quienes hoy compiten con él.

La gran diferencia entre Falú y el resto es que cualquiera de los candidatos «normales» buscará obtener el prestigio que le falta cuando ocupe el cargo al que aspira. Falú, por el contrario, prestigiará a la instituciones que integre, simplemente con su presencia.

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