
Las consignas con las que el gobierno de Urtubey pretende reflotar la precaria candidatura de Andrés Zottos son inverosímiles.
Para empezar, los cerebros del proselitismo gubernamental sostienen que Zottos «representará a los salteños» y no a los jerifaltes nacionales.
Nada más lejos de la realidad, puesto que si a alguien representará Zottos -si tiene la suerte de ser elegido- será a Urtubey, al que si le preguntan hoy dirá sin hesitar que es un «líder nacional». O sea de que de representar a los salteños, poco y nada.
Habría que preguntarse a quién representó Zottos cuando fue diputado nacional antes de su elección como Vicegobernador en 2007; porque seguro que a los salteños no fue.
Más tarde, y esta vez por boca del gobernador, los arquitectos de la campaña dicen que Zottos «no se sumará a ningua grieta», que es más o menos como decir que Zottos será omnisexual o hermafrodita; es decir, que estará en todos los lados, o al medio, lo cual es imposible. O Zottos se define pronto o terminará sentado en el Concejo Deliberante de Tartagal.
El que intenta hacer piruetas jugando a ser dios y diablo al mismo tiempo es Urtubey, pero en su caso es comprensible, porque siempre ha jugado a la ambigüedad y hasta ahora el juego le ha salido bien. Otra cosas es que en el futuro más cercano la estrategia le siga dando resultado.
Pero es que Zottos ama la grieta. Su carácter mediterráneo -entre sanguíneo y mercurial- no le permite andar navegando en las aguas calmas de la indefinición.
Casi sin lugar a dudas, Zottos se enrolará en el bando del antikirchnerismo (los kirchneristas de Salta deberían tomar nota), pues su trayectoria política es ligeramente más decente que la del diputado nacional Pablo Kosiner, por ejemplo.
Aunque no se lo ve demasiado inclinado hacia el macrismo, con tal de cebar la grieta, Zottos podría fichar por cualquier bloque. Si la Conferencia Episcopal tuviera representación parlamentaria, es casi seguro que el candidato de Urtubey estaría por estas horas pidiendo turno para arrastrar los faldones por la sacristía.
Por supuesto, quien quiera engañarse a sí mismo puede pensar tranquilamente que Zottos es un hombre que está por encima de cualquier grieta. Pero la realidad es la que es: el candidato de Urtubey es, sin dudas, el «capitán grieta».