
Los números no parecen estar sonriéndole al principal candidato del club de amigos que gobierna Salta. Por esta razón, tal vez, el candidato ha renunciado a exponer ordenada y razonadamente sus ideas sobre el país, sobre sus desafíos y sobre su futuro, y se ha lanzado a inundar la plaza con «propuestas» que están dirigidas inequívocamente a conquistar el voto de los salteños menos informados, a los que promete que convertirá esta castigada tierra en un vergel, sin decir exactamente qué se propone hacer con las otras provincias y territorios argentinos.
El pretendido «federalismo» de Zottos no es más que un localismo desbocado cuya fachada esconde el siniestro rostro del personalismo.
No se sabe muy bien cómo hará un simple diputado nacional para traer a Salta tantas maravillas. Sobre todo si la misma persona ya fue diputado nacional antes (y no consiguió traer nada) y durante ocho años fue Vicegobernador de Salta, sin que los libros de historia hoy se acuerden de él como que no sea para dibujar el mapamundi de los misachicos.
El desesperado giro en el discurso de campaña tiene una sola explicación: el creciente rechazo de los salteños a un estilo de política basado en promesas grandilocuentes e impracticables.
De lo que se trata aquí es de convencer a los salteños que de esta tierra está saliendo un «proyecto de país» que en realidad no existe y cuya invocación solo intenta disimular la existencia de una estrategia del peronismo periférico que todavía sueña el enfermizo sueño de instalar a Urtubey en la Casa Rosada, para que los problemas de los salteños -dicen- se solucionen en unos pocos días y como por arte de magia.
Otra vez vuelve a planear sobre la política local la sombra de una verdad incuestionable: Si Salta necesita colocar a un Presidente para solucionar sus problemas, la realidad es que lo que necesita es un mejor Gobernador, no a un Presidente salteño.
Ni Zottos ni Urtubey dicen cómo tienen pensado mejorar la situación general de la Argentina, sobre todo cuando los dos, a coro, reclaman para Salta un régimen tributario, laboral y de comunicaciones enteramente diferente. Es decir, la insolidaridad territorial llevada al paroxismo. Ni los catalanes (mientras les duró la sensatez) se animaron a tanto.
Mientras Zottos se empeña en pegarse a Urtubey como una lapa, pensando que el Gobernador mantiene intacta su vitalidad electoral, sus asesores no advierten que para una porción importante del electorado, el Gobernador de la Provincia es en realidad un «piantavotos», un «asustasuegras». Zottos equivoca, pues, el enfoque y los remedios que aplica para superar el bache.
Lo que los salteños esperan es que Zottos diga sin recurrir al escapismo si cuando obtenga su diploma de diputado se sumará al kirchnerismo que hoy encarnan Kosiner o la cesante Evita Isa, o si, por el contrario, se hará macrista, para imitar el gesto de Urtubey. El juego a dos puntas hundirá sin remedio la candidatura de Zottos y lo convertirá en un paria en la Cámara de Diputados; más o menos como lo fue antes, solo que ahora con unas cuantas canas más.