
Los chisporroteos mediáticos que -dinero mediante- anunciaron al mundo el «paseo triunfal» de Juan Manuel Urtubey en las pasadas elecciones primarias del 13 de agosto, han sufrido un súbito baño de agua helada, tras confirmarse la noticia de que ha sido Cristina Fernández de Kirchner la ganadora pírrica de las elecciones en la Provincia de Buenos Aires.
Por unas pocas décimas, es cierto, pero la expresidenta ha terminado cantando victoria, para humillación y desconcierto de todos aquellos que la daban por finiquitada; entre ellos, el Gobernador de Salta, que fue uno de los que con más vehemencia apostó por su fracaso electoral, diciendo entre otras lindeza que la mujer que gobernó el país durante ocho años «ya fue».
Si bien la exmandataria se ha hecho en las últimas horas un embrollo monumental con los gatos y las liebres, lo cierto es que el escrutinio definitivo no solo le ha permitido a Kirchner soñar con un triunfo en octubre, sino que ha puesto sobre la mesa la verdad más incómoda para los apresurados salteños que aquella noche probaron a ver si la banda presidencial le tiraba de sisa al Gobernador de una de las provincias más pobres del país: la de que Urtubey no ha ganado nada de lo que dijo haber ganado.
Puede Urtubey ahora sollozar por los rincones y murmurar, escupiendo lágrimas, que Cristina Kirchner se fue del peronismo; que ya no es peronista. Pero esta es, como lo fue antes, solo una forma de engañarse a sí mismo. El tirón electoral de la expresidenta, menguado por su largo y desacertado paso por el poder, no solo descabalga a Urtubey de su pole position presidencial sino que apuntala de una forma quizá impensada la candidatura de Sergio Leavy, el silencioso kirchnerista tartagalense que, a fuerza de tirar de astucia, está en vías de dejar en tercer o en cuarto lugar a la lista «peronista» de Urtubey encabezada por el polimórfico Andrés Zottos.
Tal vez lo que le convenga ahora a Urtubey sea atacar a Macri. Decir por ejemplo -como lo ha hecho su amiga Hebe- que Macri mandó a que «chuparan» a Santiago Maldonado y que las mujeres que aparecen masacradas en las cunetas de Salta, no tienen nada que ver con el impecable desempeño de su Ministra de Derechos Humanos, sino que son producto de las perversas políticas «neoliberales» del ingeniero.
Si Zottos ha de defender -como se supone- los intereses de Urtubey en el Congreso de la Nación, convendría desde ya que el Gobernador de Salta se definiera y que dijera con claridad en qué equipo juega. Si aquí hay grieta, más vale que se note y que cada quien diga de qué lado está. Porque a menos que se tengan unas articulaciones de goma, teniendo en cuenta las dimensiones de la brecha, es difícil estar al mismo tiempo a un lado y otro del abismo.
Urtubey mejor que nadie conoce los dos lados (lo cual no quiere decir que atienda por los dos teléfonos). Es más bien que el Gobernador es hoy un «omniperonista», que ha pasado con altas calificaciones por todas las aulas del justicialismo, incluidas aquellas en la que se enseña la religión inclusiva como asignatura obligatoria y evaluable.
Aun así, no le alcanza para desbancar a la Kirchner, ni como ganadora de las pasadas elecciones ni como seria aspirante para 2019.
Lo mejor que puede hacer Urtubey de aquí hasta el momento en que los salteños vuelvan a votar es pedirle explicaciones a aquellos irresponsables que le aconsejaron echar las campanas al vuelo tras las PASO y señalar a algunos de ellos como culpables de un anuncio fallido, que seguramente le va a pasar factura en las próximas elecciones.