Edmundo Falú habla sobre los jóvenes sin esperanza de Urundel

  • El autor de este relato -candidato a diputado nacional por Salta en las próximas elecciones- cuenta su experiencia de campaña. En conceto, su viaje a la localidad oranse de Urundel, en donde ha entablado un diálogo franco y abierto con jóvenes de esta localidad que le manifiestan su preocupación por el futuro y la falta de oportunidades formativas, laborales y de desarrollo personal, así como por la sensación de abandono que experimentan por la ausencia del gobierno.
  • Juventud postergada en el norte de Salta
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Si algo puede dejarme a nivel personal esta dura y desigual campaña electoral, es el haber podido llegar a conocer la triste realidad que acompaña a nuestros niños y jóvenes, muchos de ellos cargados de desesperanza ante la falta de políticas públicas que los saque de la pobreza y los ayude a encontrar un camino de prosperidad personal y colectiva.


Ayer, en Urundel, pude reunirme con jóvenes entre 17 y 27 años y entablar un diálogo abierto sobre temas que los aflige y que casi resignadamente aceptan que no tendrán, por lo menos en los próximos años, solución.

Prácticamente todos estos jóvenes abandonaron la escuela y la razón no fue otra que la necesidad de trabajar para poder comer. Muchos, desde los 14 años son enviados a quintas o campos vecinos a trabajar, absolutamente precarizados. Cobran una suma cercana a 300 pesos por día trabajado, sin posibilidad de tener un salario en blanco, con aportes a la seguridad social ni tampoco derecho al debido descanso ni respeto a la duración de la jornada laboral. Son trasladados desde Urundel hacia los lugares de trabajo en transportes sin adecuada ventilación.

Tampoco tienen alguna alternativa de trabajo en Urundel ya que sencillamente no existen puestos laborales ni voluntad para generarlos. Están, paradójicamente, sentados en un lugar de extrema riqueza agrícola, con grandes sembradíos de soja y producción citrícola.

Casi todos reclaman una escuela técnica para poder acceder al aprendizaje de algún oficio relacionado a las características de su hábitat.

Cuando estaba emprendiendo mi viaje de retorno pude observarlos, muchos sentados en una esquina sin otra cosa que esperar el paso de las horas de un día, uno de tantos, que los sepulta en el peor de los mundos, el de la pobreza y la exclusión.

Aunque parezca increíble esto ocurre en Salta, en el siglo XXI, bajo un gobierno que prometió hace diez años «Hacer realidad la esperanza».

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