
El Gobernador de Salta ha dejado esta tarde en el Campus Almagro de la Universidad Camilo José Cela de Madrid una sensación ambivalente. El moderado interés que había despertado su presencia en la capital española no se correspondió ni con el nivel de la charla (mediocre, en general) ni con el escaso tiempo dedicado a exponer sobre complejos temas de integración regional y relaciones entre bloques económicos.
Urtubey llegó al lugar pasadas las 19.25, cuando el comienzo de su exposición estaba programado para las 19 horas y en la sala ya se habían congregado un medio centenar de personas. La mitad de ellos, al menos, estudiantes del master en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política que se imparte en el CIGEP y la otra mitad personal de la Embajada Argentina en España, que acudió arroparlo.
La llegada de Urtubey fue precedida de la de su comitiva, integrada, entre otros, por el contador Fernando Yarade, ex diputado nacional y probable candidato del gobierno en las próximas elecciones legislativas, y el Jefe de Gabinete del gobierno provincial de Salta, Carlos Teófilo Parodi, cuya presencia en Europa es inexplicable, debido a que el desplazamiento del Gobernador y de su familia no tiene previsto ninguna actividad de carácter oficial en este continente.
La exposición de Urtubey duró escasos 17 minutos, la mayoría de los cuales fue dedicada a una improvisación bastante poco consistente sobre los «cambios» en la posición de la República Argentina desde que Macri gobierna el país. El contenido del discurso -claramente aperturista en lo económico- en ningún momento rozó el tema de los nueve años en que el expositor apoyó la clausura del país promovida por la presidenta Fernández de Kirchner. De este salto copernicano en materia de relaciones exteriores, el Gobernador de Salta no dio ninguna explicación.
En otro pasaje extravagante de su discurso, y como para demostrar que ni la historia ni la religión son sus asignaturas favoritas, el Gobernador dijo a su auditorio que durante los siglos XIX y XX la Argentina «tuvo el don de la ubicuidad», confundiendo una cualidad divina con el oportunismo comercial del país.
La actividad concluyó poco después de las 20.10, hora local, sin que en Madrid y en su área de influencia se hubieran parado las rotativas. Si la audiencia cautiva (la mitad del auditorio) esperaba tras la exposición desentrañar las claves científicas de la «construcción» de la imagen de Urtubey por parte de técnicos especialistas en la materia, el Gobernador terminó decepcionando a todos, al renunciar al rigor expositivo (no aportó ningún dato fiable ni contrastado, sino simples especulaciones) para privilegiar su vena más exhibicionista y el empleo de un lenguaje tercermundista que, en determinados círculos intelectuales de la península -especialmente en los universitarios- sirve para dejar retratada la procedencia del personaje y al descubierto el verdadero peso de su bagaje cultural.