Mariano tiene otros talentos

El actual Ministro de Gobierno de Salta, Juan Pablo Rodríguez, ha justificado recientemente una posible candidatura a diputado nacional de su colega de Cultura y Turismo, Mariano Ovejero, diciendo de él algo así como que, si se convirtiese en legislador nacional, sería «un gran promotor del turismo de Salta».

La apreciación de Rodríguez -supuestamente elogiosa- encubre sin embargo una notable desconsideración hacia su compañero de gabinete, fronteriza con la infravaloración más absoluta, ya que, mucho antes de ser un experto en cuestiones turísticas, Ovejero es un abogado especialista en Derecho Administrativo, integrante de una familia de juristas ilustres, con una envidiable preparación y una valiosa experiencia.

Es decir, que si Mariano Ovejero se convirtiera en diputado nacional, Salta tendría a un jurista de alta nota sentado en el Congreso Nacional, y no simplemente a un «vendedor» de hoteles y paisajes o a un mecánico «azafato del tren fantasma».

Tal vez sea esto precisamente lo que no le interesa al ministro Rodríguez.

Su juicio tan parcial y sesgado parece condenar a Ovejero a ser un eterno ministro de turismo (un menor de edad perpetuo), cuando nadie aún le ha preguntado al interesado si, como posible candidato a integrar uno de los poderes del Estado federal, su olfato político o sus pulsiones cívicas no le inclinan a pensar y reclamar el protagonismo en otras cuestiones un poco más importantes para la vida y el bienestar de sus conciudadanos que el turismo (dicho sea con respeto hacia esta actividad económica).

Hay que reconocer también que durante la gestión de Mariano Ovejero ni la cultura ni el turismo han florecido precisamente en Salta. Pero ello no supone a negar al actual ministro un cúmulo de cualidades que le permite descollar en un gabinete integrado en su mayoría por personas de cualificación más que dudosa, como su colega Rodríguez.

El actual Ministro de Cultura y Turismo destaca por ser un político moderado, al que no se le conocen excesos de ningún tipo, con una gran capacidad de negociación, una notable discreción y una encomiable prolijidad en la administración de los recursos públicos.

Estos talentos no solamente son inusuales para la política de Salta sino que además son cuantiosos y se hallan en pleno desarrollo; de modo que una eventual candidatura limitada a la promoción del turismo (un objetivo instrumental, ciertamente menor) no haría otra cosa que desperdiciar la posibilidad de que los salteños tengamos a un diputado nacional, con carrera, con proyección y con ideas propias, que reemplace a uno de los tres que se van, unidos todos ellos por la común cualidad de ser estudiantes cronificados o frustrados.