El gobierno de Urtubey se lleva todas a marzo

Desde que hace un año diera comienzo a su tercer mandato y remodelara su gobierno, Urtubey no ha vivido más alegrías que las que esporádicamente le han proporcionado sus apariciones mediáticas junto a su nueva esposa actriz en la llamada prensa del corazón.

El primer año del tercer y último periodo de Urtubey como Gobernador de Salta ha sido inolvidable y trascendente, pero no precisamente a causa de sus aciertos, sino, en gran medida, por la ausencia persistente del Gobernador de su lugar de trabajo. Nunca antes en la historia de Salta había sucedido algo como esto; ni con los gobernadores con salud más precaria.

Si en vez de un periodo de gobierno fuese un curso académico, entre las faltas justificadas e injustificadas (sin contar las amonestaciones), cualquier docente con un mínimo sentido de la responsabilidad hubiera declarado a Urtubey «libre»; es decir, con el curso regular perdido y su aprobación pendiente de un examen exhaustivo.

La evaluación periódica de los políticos

Resulta llamativo que poco después de que nuestro sitio web publicara un artículo declarando al Intendente Municipal de Salta la figura política del año, otros respetables medios de comunicación locales hayan dado a conocer evaluaciones globales de los políticos y de su gestión.

Parece que comienza a cundir entre los salteños la muy saludable costumbre de evaluar a la política, no solamente cuando se convocan elecciones, sino también en periodos cada vez más cortos, como años o meses.

La calificación numérica de los políticos es muy frecuente (y necesaria) en las democracias avanzadas. En estos sistemas se somete a los responsables políticos (tanto del gobierno como de la oposición) a una evaluación permanente, pero no solo de su imagen pública, sino también de determinadas actividades como la elaboración de una planificación seria, y el número y la calidad de los artículos publicados por ellos en la prensa, su compromiso con la actividad académica o su interacción con las organizaciones sociales.

Los políticos (gobernantes u opositores) son castigados cuando omiten someter a la consideración ciudadana sus planes de gobierno, o cuando, presentándolos, estos planes carecen de una formulación estratégica, persiguen objetivos poco realistas, adolecen de financiación insuficiente y no tienen previstos mecanismos de evaluación periódica y transparente.

Lo mismo sucede cuando los responsables políticos se rehúsan a aportar al debate público o a la difusión del conocimiento, negándose a publicar artículos en la prensa (muchos son realmente ágrafos) y a participar en la vida académica.

Urtubey, el más porro de todos

Si repasamos con cuidado estos criterios de evaluación -que no son los únicos, lógicamente- veremos que Urtubey y su equipo de las estrellas no han puntuado en ninguna de las categorías, excepto quizá en el Top Race Junior, en donde han alcanzado el podio.

Pero no solo de imagen vive el hombre político. Los desafíos que se le ponen por delante requieren bastante más que una sonrisa de dientes blancos o de una familia «refurbished» con casamientos al estilo hawaiano. Los evaluadores públicos exigen resultados: planes, ideas, visión de futuro, comprensión del mundo.

Si Urtubey y sus muchachos se han mostrado hasta aquí especialmente incapaces para dar respuestas a las duras exigencias de la coyuntura, ya podemos imaginarnos cuán pobres han sido sus aportaciones a la hora de pensar e imaginar el futuro que espera a los salteños en los próximos cincuenta años.

Un mal año, amigo

2016 ha sido el año con los peores indicadores económicos; el año de la crisis, de los préstamos internacionales a tasas inusualmente altas, de las restricciones en el sector público. Pero también ha sido el año en que más funcionarios provinciales han viajado al extranjero -muchos de ellos por motivos nimios- con todos sus gastos pagados generosamente por los contribuyentes salteños. Sin contar con el viaje de Central Norte, que han pagado los hinchas de Juventud, los de Gimnasia y los que no han pateado nunca una pelota de fútbol.

2016 ha sido el año del fracaso de las operaciones de imagen de Urtubey y de la estrategia de posicionamiento de su candidatura nacional. Nadie duda hoy que el Gobernador de Salta estaba en mejores condiciones atléticas a finales de 2015 que a finales de 2016.

2016 ha sido también el año del divorcio institucional entre el gobierno provincial y las autonomías municipales. Nunca antes los intendentes han tenido una relación tan pobre con la administración central. Y ha sido el año del fracaso parlamentario de la nefasta iniciativa del voto electrónico, apadrinada estrechamente por un Gobernador que llegó a consentir la utilización de los recursos de propaganda más viles.

2016 ha sido el año de la inseguridad, aunque haciendo grandes esfuerzos por superar las nefastas y casi inéditas cifras de 2015. En este resultado han influido, sin dudas, el recambio en la cúpula del Ministerio de Seguridad y la persistente política de aumento cuantitativo de la fuerza represiva de la Policía provincial.

2016 ha sido un año malo para la salud pública. No solo por el pico epidémico del dengue en pleno otoño, sino especialmente por la imagen lamentable del Gobernador y de su entonces novia ignorando mayestáticamente los ayes de dolor de un hombre que esperaba, tirado en el suelo de un pasillo, ser atendido en el Hospital de Orán.

2016 ha sido un año negro para los Derechos Humanos y la Justicia, que empezó con una artera zancadilla a Jean-Michel Bouvier (la condena a prisión perpetua de Santos Clemente Vera, declarado inocente en el juicio al que fue sometido) y terminó con una retahíla de mujeres muertas a manos de sus parejas o exparejas. Si Urtubey no ha cerrado antes el inútil ministerio que se encarga de estos asuntos ha sido por no dañar aún más a la funcionaria que lo dirige.

2016 ha sido un año irrepetible también para la producción local, que ha visto cómo el gobierno provincial, con actitudes ambiguas, ha consentido la usurpación de tierras por parte de presuntos activistas de los pueblos originarios, en perjuicio de un productor del Departamento de San Martín.

Y lo ha sido también para la primera infancia (niños de corta edad muertos por causas evitables), para los indígenas (regidos por una oligarquía aborigen), para el medio ambiente (las liberaciones de cóndores no alcanzan para tapar las agresiones al bosque nativo), para el trabajo asalariado (basta ver las cifras del INDEC) y, cómo no, para la cultura, cuya caída en picado hacia la vulgaridad no parece tocar fondo de una vez.

Dentro de todo lo malo...

Lo bueno de todo esto es que estos malos resultados le permitirán a Urtubey entrar en la historia, aunque más no sea como el jefe del peor gobierno que ha tenido la Provincia de Salta en los últimos 138 años.

Los que están más cerca del Gobernador, aseguran que cuando se acerque la fatídica fecha del 10 de diciembre de 2019, Urtubey se las arreglará para entregar el mando a su sucesor unas horas después de lo previsto, aunque más no sea para decir que fue él y no Romero el que más tiempo gobernó la Provincia de Salta.

Y bueno también es que, a la vista de semejante desastre, el Gobernador quiera imprimir a los tres años de mandato que le quedan un sesgo diferente; más político, más colaborativo, menos egocéntrico. Pero eso solo puede ocurrir si se alinean los astros y en un plazo no mayor de catorce lunas el mandatario anuncia que será padre por quinta vez, aunque con los anteriores haya agotado ya los nombres de los evangelistas.