'El peronismo está jodido, pero yo estoy rozagante'

Urtubey -autodefinido como «fanáticamente peronista» (diciembre de 2007)- es en realidad un exoperonista; es decir, un crítico con la boca pequeña al que le gusta hablar desde afuera sobre las cosas que suceden adentro y que le involucran de lleno.

El reciente diagnóstico de Urtubey («el peronismo está jodido») no le afecta a él, pues lejos de sentirse jodido, el Gobernador de Salta piensa que está en su mejor momento. Cuando dice que al peronismo no le fue bien porque se divorció de la gente, lo que quiere es remarcar las diferencias cualitativas entre el fracaso del peronismo al abandonar sus viejos postulados y su éxito personal, después de haberse divorciado de su primera esposa.

«El peronismo debería seguir mi huella para ser exitoso». Ese es el mensaje que se esconde tras las palabras de Urtubey, para quien el peronismo es toda aquella masa informe que ha quedado atrapada entre los rescoldos humeantes del kirchnerismo derrotado y las dudas «de clase» que asaltan a algunos indecisos y les empujan a apoyar abiertamente a Macri.

En lo que a él respecta, no caben dudas de que su intención es la de pasar de puntillas por sobre las brasas ardiendo, sin apenas sentir el calor. El peronismo está jodido y rejodido, pero Urtubey está viviendo una segunda juventud, regada -eso sí- por ríos de testosterona.

Probablemente el juicio tan lapidario que ha deslizado el Gobernador se deba a que los organizadores del coloquio de Idea, han preferido invitarlo a Sergio Massa y no a él, para desgrane sus sesudos comentarios sobre la realidad nacional. Pero el virtual abandono de sus funciones gubernamentales le ha jugado en contra y este año el peronismo -jodido pero no hundido- ha preferido colocar sus fichas en el siempre desconcertante Massa.

El exoperonismo de Urtubey (este del 'critico a los demáspero no dejo que me critiquen a mí') puede pasarle factura a sus ambiciones presidenciales y en un plazo relativamente breve. Si es verdad que Macri, a pesar de los problemas cardiacos y los rodillazos intercostales de Antonia, desea repetir como presidente en 2019, las chances de Urtubey de alcanzar el Sillón de Rivadavia deberían postergarse, al menos, hasta 2023, y para durar hasta esa fecha en el candelero habría que retener el poder en Salta, conseguir un embarazo o un divorcio de su nueva pareja, y enquistarse en el Congreso Nacional hasta que soplen mejores vientos.

Y todo eso cuesta dinero.