Urtubey felicita a El Tribuno, después de admitir que no lo lee 'por prescripción médica'

El Gobernador de Salta, hombre educado en los mejores colegios católicos de la ciudad, ha hecho gala hoy de su proverbial amabilidad y de su caridad cristiana al dedicar un amistoso tuit al diario El Tribuno, que hasta hace poco lo tenía en la mira de sus ataques.

En el mencionado tuit, el mandatario felicita a «la gente» de este diario por una proeza cultural consistente en «cuidar y difundir lo que es tan nuestro». Urtubey se refiere al Concurso de la Empanada, realizado en Salta este fin de semana, y al que acudió en compañía de su futura esposa, la actriz Isabel Macedo.

No es necesario contratar a un historiador jubilado de frondosa biblioteca ni rastrear demasiado en el pasado para recordar que el inventor de los mentados concursos empanaderos fue el exgobernador de Salta y expropietario del diario, don Roberto Romero, ya fallecido.


Así que la felicitación gubernamental tiene un inocultable significado político, sobre todo si se recuerda que hace tres años, cuando Urtubey estuvo internado durante dos días en una clínica privada del sur de la ciudad de Salta, admitió ante los micrófonos de una radio, que no lee el diario El Tribuno «por prescripción médica».

Claro que eran otras épocas, porque por entonces el diario de Limache estaba embarcado en una campaña bastante visible contra Urtubey y su hermano Rodolfo (entonces candidato a senador nacional) que tenía como «eje temático» la nefasta gestión del dinero público del llamado Fondo de Reparación Histórica.

Tres años después, cuando el hermano senador y don Juan Carlos Romero (actual propietario del periódico) se dan la manita debajo del escaño para votar en el mismo sentido, todos son mieles sobre hojuelas en las relaciones entre Urtubey y el holding mediático de Limache. No solo han cesado las críticas, sino que ahora también asistimos a cumplidos melosos de un lado y del otro.

Esta vez lo que ha obrado el prodigio no ha sido la pauta oficial ni las grandes cantidades de dinero transferidas desde el Grand Bourg a las bóvedas de Limache, sino un par de empanadas fritas.

Hay que reconocer que los médicos que atendieron a Urtubey aquella vez, y que le diagnosticaron reflujo gastroesofágico y hernia de hiato, agravados por un pico mónaco de estrés, le prohibieron leer El Tribuno, pero no consumir empanadas grasientas, lo que de por sí da una idea de lo dañino para la salud gubernamental que pueden ser los ácidos artículos de este periódico.

Pero como Urtubey es un hombre que aprendió a ser formal y cortés (cortándose el pelo, una vez por mes), una vez recibida la luz verde de los facultativos que tratan sus problemas gástricos, ha decidido felicitar a El Tribuno (o a «su gente») por esa grandísima contribución a la preservación de «lo nuestro».

El diario, por su parte, sin decirlo abiertamente, ha reconocido que Urtubey, con sus veleidades, sigue siendo «uno de los nuestros».