Sáenz critica en un tuit la 'enfermedad del poder' que aqueja a Urtubey

Pocos gobernantes electos por el voto popular, como el Intendente Municipal de Salta, Gustavo Sáenz, han debido enfrentar un panorama político y económico tan desolador en sus primeros meses de gestión.

Desde que se estrenó en el cargo -el pasado 9 de diciembre de 2015- el intendente salteño no solo ha recibido desprecios humillantes por parte del gobierno provincial, sino que también se ha encontrado en su camino con impensados escollos, colocados con toda la intención de evitar su consolidación como figura política.

No se trata solamente del ahogo financiero -la herramienta favorita del gobierno de Urtubey para disciplinar a los intendentes díscolos- sino de una serie de vacíos y ninguneos que Sáenz soporta con cierta deportividad, por el solo hecho de haber montado una tribu distinta, y probablemente alternativa, a la que gobierna la Provincia de Salta desde 2007.

El atrevimiento de Sáenz al liderar un grupo de poder que no comulga del todo con las directrices filosóficas (por llamarlas de algún modo) de Urtubey, y que al mismo tiempo aspira a ampliar sus espacios de influencia, es algo mal visto por el entorno del Gobernador, que no se plantea una cohabitación cooperativa con Sáenz, sino simplemente su allanamiento al poder omnímodo o su extinción.

Si hasta aquí algo ha demostrado Sáenz, es que tiene sus sentimientos a flor de piel. A diferencia de Urtubey, más zorro y más ocultador, el Intendente de Salta no se corta un pelo a la hora de expresar, por Twitter o por donde sea, su insatisfacción con un estado de cosas que no solo le perjudica a él y a su imagen, sino que comienza a hacer mella en el bienestar de quienes habitan la ciudad de Salta.

Por eso, no ha llamado la atención que hace unas horas Sáenz haya publicado en su cuenta de Twitter lo siguiente:
Con brutal sinceridad, pero también con una buena dosis de cálculo y astucia, Sáenz anticipa el declive de Urtubey y de su entorno («Nada es eterno... Esto también pasará»). Parece evidente que, antes de publicar este público llamado a aparcar la soberbia, el Intendente le ha echado un vistazo a las encuestas.

Sobre la enfermedad del poder, Sáenz no descubre nada nuevo. Ni siquiera el remedio. Tan solo aporta la confirmación de lo que, a estas alturas, es un secreto a voces: que el poder absoluto ha deformado a Urtubey y convertido a su gobierno en una parodia de sí mismo y, en el mejor de los casos, en una maquinaria de aniquilar libertades y derechos.

El Intendente de Salta sabe o intuye que esta catarsis en Twitter puede tener tan buen resultado como aquella otra en la que invitaba al presidente Macri a «mirar hacia el norte de la Patria». De acertar Sáenz otra vez, demostrará el error de Urtubey y de sus community managers, que utilizan las redes sociales para ocultar la verdad, para desfigurar los sentimientos y para alimentar el ego bulímico de un jefe, que ya ha traspasado todas las líneas rojas posibles.

Si Sáenz es capaz de practicar la humildad que predica, podrá legítimamente sentirse el impulsor de una política de «regreso a la realidad», que tanta falta le hace a los salteños para progresar.