Rodolfo Urtubey cambia dramáticamente de look

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La ola modernizadora (que abarca, como se sabe, las relaciones de pareja) ha pillado de lleno a los hermanos Urtubey, quienes desde finales del mes de enero de 2016 han dado un giro copernicano (no en la política, en donde lo vienen haciendo, como los mejores contorsionistas, desde 1983) sino en su apariencia personal.

Los nuevos aires han calado, inesperadamente, en la sobria y circunspecta figura del decano del clan, quien a poco de haber abandonado los encerados pasillos judiciales por los no menos brillosos mármoles parlamentarios, le ha dado a su look personal un giro impresionante.

En la fotografía inserta más arriba, publicada originalmente por el diario El Tribuno de Salta, puede verse al propietario de este periódico, Juan Carlos Romero, flanqueado por la derecha por el Gobernador de la Provincia, Juan Manuel Urtubey, y por la izquierda, por el presidente de la estratégica Comisión de Acuerdos del Senado Nacional y hermano del anterior, Rodolfo Julio Urtubey. La conversación es amena y distendida, como debe ser entre amigos que comparten aficiones comunes y, tal vez, algún plazo fijo.

La foto, que adorna ya la parte interior de las puertas de los lockers de algunos conocidos dirigentes poli-justicialistas, como Santiago Godoy padre, Gonzalo Quilodrán, su compañera Pamela Ares, Pablo Kosiner, Evita Isa, Cristina Fiore, Matías Posadas, Susana Canela, José Vilariño, Matías Assennato y otros ex talibanes kirchneristas, podría pasar a la historia como un documento más del cariñoso reencuentro entre ambos clanes de millonarios salteños, pero, evidentemente, guarda algo más.

Ese algo es el nuevo peinado «casual» del senador Urtubey, quien parece haber abandonado por «outdated» el peinado de tipo «lamido de vaca», ajustado hacia atrás, con el que lució estampa en su época de magistrado nacional.

En pocas palabras, Urtubey clase 1959 (a los hermanos solo se los puede identificar ahora por el año de su nacimiento) ha dejado de peinarse para atrás (y probablemente de usar colonia Atkinson) y optado ahora por un «cortecito moderno», que oculta un poco su brillante (más bien brillosa) frente de jurista y deja ver, de algún modo (ya era hora) que el tiempo pasa también por él. Las canas, por fin, asoman.

Enhorabuena por el senador, que con esos aires joviales parece haberle dado una (tardía) bienvenida al siglo XXI. Lo lamentable es que para que sucedan estas cosas, como bien ha dicho su hermano en diciembre pasado, «se hayan tenido que romper hogares».

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