
El Gobernador de Salta ha concedido una entrevista al periodista Luis Novaresio, que ha sido difundida por la señal de Infobae TV y publicada, entre otros medios, por el diario digital Infobae, de Buenos Aires.
En esta entrevista, Juan Manuel Urtubey ha abordado temas políticos muy variados -desde una valoración global del periodo kirchnerista hasta la coparticipación federal del presidente Macri- y dejado muy claro ante el gran público que aspira a convertirse en Presidente del país. Para el Gobernador de Salta, aquel dirigente político que diga que no quiere ser presidente, «o te miente o es un mediocre».
Pero donde el Gobernador salteño ha estado más fino -diríase que casi filosófico- es en el pasaje de la entrevista en el que se refiere críticamente al kirchnerismo, señalando a este movimiento político con la etiqueta peyorativa de «personalista».
A la pregunta «¿El kirchnerismo, fue?», Juan Manuel Urtubey responde con las siguientes palabras:
- «Yo siempre he combatido al personalismo» (sic). «Algunos creyeron que siguiendo a los ex presidentes Néstor o Cristina eran más grandes que el peronismo. Yo no creo eso. Me llamo peronista porque Perón murió, porque si no, no lo haría. Esa cosa de pertenecer a alguien vivo te enajena como ser humano. Lo que te hace humano es pensar libremente» (el subrayado es nuestro).
Lo primero que llama la atención de estas curiosas reflexiones de Urtubey es la aparente contradicción entre su historia de combate al personalismo y su autodefinición como «peronista».
La contradicción existe, entre otras cosas, porque el Gobernador de Salta jamás ha planteado, ni en términos filosóficos ni en términos políticos un combate contra los personalismos. Allí están las hemerotecas para desmentirlo. Más bien los ha alentado, como en el caso del expresidente Carlos Menem o el exgobernador Juan Carlos Romero, de los que fue seguidor acérrimo y acrítico.
Aunque quizá lo más preocupante de sus declaraciones sea la definición implícita del personalismo político como una pertenencia personal (una especie de derecho de propiedad en su faz pasiva), más que como una adhesión racional a una persona o a las ideas o tendencias que ella representa.
Si tomásemos al pie de la letra la definición de Urtubey, parecería muy claro que los llamados «kirchneristas», en vez de ser los adherentes a Kirchner, son aquellos que le pertenecen en propiedad al líder, los que han enajenado a él su alma humana.
Pero, ¿qué diferencia hay con los que se llaman a sí mismos «peronistas»?
Si el Gobernador de Salta fuese filosóficamente coherente, diría también que ser «peronista» -como él orgullosamente se define- es pertenecer al líder muerto, enajenar el alma a su favor, ser sujeto pasivo de una especie de esclavitud política. El hecho de que la entrega total del espíritu tenga como beneficiario a un muerto habla de un personalismo esotérico, de ultratumba, estrechamente vinculado con el espiritismo o con prácticas de adoración cuasirreligiosa. Desde este punto de vista, las unidades básicas peronistas no se diferenciarían mucho de los santuarios carreteros de la Difunta Correa o del Gauchito Gil.
Su distinción teórica entre «personalismos de vivos» (malos) y personalismos de muertos (buenos) es realmente sorprendente por su banalidad. Urtubey no aporta ninguna explicación para justificar el mayor valor moral de los personalismos hacia los muertos respecto de los personalismos hacia los vivos. En su discurso no hay una sola pista que permita saber por qué razón entregar el alma a un muerto es mejor (más saludable, más constructivo, más patriota) que entregársela a un vivo.
Pero donde reside quizá la máxima extravagancia de estas declaraciones es en el hecho de no haber reparado que tanto Juan Domingo Perón (1974) como Néstor Kirchner (2010) están muertos y bien muertos. Es decir, que si el discurso de Urtubey tuviera cierta coherencia lógica, el personalismo kirchnerista (independientemente de la supervivencia de su viuda, que se apellida Fernández) colocaría a este movimiento político en el mismo escalón moral que el peronismo.
Y si todavía quisiéramos encontrar más contradicciones en el discurso de Urtubey, las encontraríamos, pues quien se dice peronista desde el útero materno, resulta ahora que entre la fecha probable de su concepción (diciembre de 1968) y la del fallecimiento de Perón (julio de 1974) no pudo llamarse a sí mismo «peronista» durante ese periodo de su vida, pues, según sus propias afirmaciones, con Perón vivo, él nunca se atrevería a llamarse peronista, por mor de su rechazo al personalismo.
Como colofón de esta historia, muchos ciudadanos argentinos -especialmente los salteños- agradecerían que Juan Manuel Urtubey fuese descarada y apasionada personalista (de Perón, de Romero, de Kirchner o de Macri), pues está visto que cuando se entrega al ejercicio de «pensar libremente», comete unos errores horribles, dignos de entrar en los anales del ridículo político.
En su caso es muy preferible que en sus discursos y entrevistas se limite a recitar de memoria las 20 Verdades Peronistas a que se aventure con elucubraciones filosóficas que no están a su alcance y para las que no está preparado.