Urtubey, acorralado por Pilar Rahola, rifa su imagen en el programa de Mirtha Legrand

El Gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, ha podido comprobar en sus propias carnes que el discurso vacío del populismo peronista se estrella contra un muro cuando el interlocutor (en este caso, la interlocutora) viene del extranjero y emplea un lenguaje muy directo y sin concesiones.

Difícil lo va a tener Urtubey para proyectar su imagen a otras audiencias un poco más atentas y más exigentes en la medida en que insista en desfigurar la realidad como lo hacía el mítico Fidel Pintos, aquel actor de comedia al que se atribuye haber inventado la «sanata».

La Wikipedia define a la sanata como un género humorístico que consiste en «monologar largamente con murmullos y palabras inconexas y sin sentido, pero manteniendo la postura y dando la apariencia de que se trata de pensamientos profundos y coherentes».

«Sanatear» es hablar de forma confusa e incomprensible, es exponer un argumento sin sentido ni ideas claras; es hablar sin decir nada, pero con el fin de que el interlocutor piense que se ha dicho algo.

Pilar Rahola -con quien Urtubey compartió mesa y mantel en el programa de Mirtha Legrand- fue durante siete años diputada de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso de los Diputados español y es tertuliana en diferentes medios de comunicación. Hablar claro y llamar a las cosas por su nombre forma parte de su oficio.

Por eso, a la exdiputada catalanista le debe haber sonado a cuerno quemado el argumento de Urtubey para defender su (sorprendente) «desconexión» con el kirchnerismo: «El patrón referencial de la política argentina es el gobierno que se va».

Cualquiera que conozca Rahola -que alguna vez llamó «cerda» y «ruin» a la Ministra de Educación de Aznar, señora Celia Villalobos- podría llegar a intuir que eso del «patrón referencial» no le iba a caer muy bien a la aguerrida política catalana.

Tampoco parece haberle caído muy bien a Rahola la marcada ambigüedad del Gobernador de Salta, que anunció -y no es la primera vez que lo hace- que si Mauricio Macri llegase a gobernar el país, la «Argentina irá para adelante», algo que desde las filas de Daniel Scioli se niega con un énfasis rotundo.

Urtubey intentó quedar bien con Rahola, diciendo que «tenía muchas coincidencias con su diagnóstico», lo cual se reveló luego que no era cierto. Poco podía coincidir Urtubey con la dura crítica a la falta de independencia de los jueces, la corrupción o la asfixia de la libertad de expresión, cuando el Gobernador de Salta lleva ocho años inmerso en un proceso de concentración de poder inédito en la historia provincial que le ha llevado a colonizar el Poder Judicial, a convertir en fiscales a amigos e incondicionales y a llenar los órganos de control (incluida la Auditoría Provincial) con miembros de su propia fracción política.

Rahola se lo dijo muy suavemente, pero con todas las letras: «Estás pidiendo un acto de fe. Uno no puede estar en el gobierno y en la oposición a la vez. Participar de un espacio y después decir 'Yo soy otra cosa'».

Urtubey, que se definió como gente que pensamos algunas cosas diferentes, «enmudeció» literalmente cuando Rahola, interrumpiendo el discurso de la sanata, le dijo: «Pero no los he oído durante este tiempo. ¿Ustedes han vivido la vergüenza del memorándum con Irán? ¿Ustedes han vivido la catástrofe de la muerte de Nisman? Y yo no he oído al peronismo criticar a Cristina Kirchner durante este tiempo». Mientras Rahola lo ponía contra las cuerdas, Urtubey bebía nerviosamente y respondía con argumentos superficiales.

Lo que quedará de este encuentro televisivo será la fija mirada de Rahola sobre el Gobernador salteño y la poco elegante forma en que Urtubey intentó, durante casi todo el almuerzo, esquivarla.