Urtubey: Un chisgarabís muy veleidoso

Cuando el gran público recién empezaba a descubrir que el Gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, era solo kirchnerista de a ratos y generalmente cuando le convenía, este chisgarabís veleidoso parece alejarse cada día más, también, de la figura de Daniel Scioli, de cuya declinante campaña electoral alguna vez apareció como el gran artífice.

El que durante ocho años se dedicó no solo a predicar sino a dar el amargo trigo de la pobreza disfrazada de «inclusión», quien desafiando los límites de su propio código genético aspiró a convertirse en un mesías menor del progresismo aldeano, ya no sabe cómo hacer para decirle a la gente que lo que le pide el cuerpo es virar a la derecha o, mejor dicho, regresar a ella, como cuando se inició en la política bajo la égida de su ilustre tío menemista Julio Mera Figueroa o como cuando se puso los pantalones largos, apretados por el cinturón del neoconservador Juan Carlos Romero.

Los últimos movimientos de Urtubey demuestran que busca con denuedo encontrar un lugar digno de su estatura de estadista en la patria macrista que se avecina. Urtubey vuelve a la derecha como tira la cabra hacia el monte, aunque la derecha que encarna el ingeniero carezca de esos componentes corporativos y religiosos que el Gobernador de Salta tanto demanda en un líder de escala nacional.

Sus diputados nacionales se prometen a Macri como vírgenes vestales, pero por si las moscas votan a los auditores de La Cámpora. El sueño de los dos sexos en el mismo individuo.

Chisgarabís es una palabra de uso poco frecuente entre nosotros, lo mismo que chiquilicuatre, vocablo al que el DRAE remite para definir al anterior como «persona, frecuentemente joven, algo arrogante y de escasa formalidad o sensatez».

No hay otra palabra mejor en nuestro idioma para definir los saltos de oca a oca de este Gobernador tan variable y tan poco consistente, en lo intelectual y en lo político.