
Durante la accidentada y mal planificada guerra de la independencia, el límite norte del país no estaba constituido por una línea de mojones, por un río o por la cumbres de las montañas más altas, sino por la posición de Martín Miguel de Güemes sobre el territorio.
En virtud de este detalle geográfico-militar, la «patria» se estiraba un poco más hacia el Norte cuando el héroe gaucho pernoctaba en Tupiza que cuando lo hacía en su casa de la calle España, en el centro de la muy noble y muy leal ciudad de Salta, que alguna vez fue de Lerma.
Es decir, Güemes era «el límite».
Doscientos años después de aquella época de límites móviles y peleados casi baldosa a baldosa, surgió en Salta un émulo del héroe gaucho, dispuesto a copiar e incluso a exceder sus virtudes.
La suerte sin embargo le ha sido esquiva y despareja, pues allí donde ha fracasado en sus intentos de mostrarse valiente, intrépido y popular, ha tenido la maravillosa suerte de conseguir el fulfilment de unas de las fantasías gauchas más difíciles de alcanzar: la de ser ‘límite’.
Aun cuando ya no se desplaza por el monte a caballo sino que evita los churcales y los tuscales sobrevolándolos a más de 30.000 pies, el falso Güemes no modifica los límites de la patria con sus alocadas pernoctaciones: hoy en San Isidro, mañana en Bariloche, pasado en Mendoza.
El personaje se ha convertido en un límite pero no para el ejercicio de la soberanía territorial sino para tres cuartas partes del arco político nacional, que lo ha elegido como mojón intraspasable de la derechosidad. Poco mérito, sin dudas, pero no se puede decir que un trocito de la gloria de Güemes no haya descendido sobre él, después de haberla perseguido tanto.
El falso Güemes hoy es el límite para moyanistas, peronistas, kirchneristas, dondistas, guaymasistas, deliaistas, barretistas y un largo etcétera de ismos. Solo le sonríe desde la extrema derecha filoevangelista el ultra Alfredo Olmedo, que en las últimas horas lo ha superado en intención de voto para Presidente en 2019.
Tiene a su favor Olmedo el no haber ocultado nunca sus castradoras intenciones y no haberse prestado al paripé güemesiano. La jugada le ha salido bien, porque hoy no es Olmedo el límite sino quien acaba de quedar por debajo de él en las encuestas, que sigue coleccionando rechazos por doquiera que vaya.