
El actual senador provincial por el Departamento de San Martín y primer candidato a diputado nacional por la coalición electoral afín al gobernador Urtubey, don Andrés Zottos, parece haber dejado de lado su tradicional discurso procesional de «redoblar el esfuerzo», al apostar decididamente por colgarse de los débiles flecos de las obras del gobierno provincial, como si él hubiera tenido algo que ver con ellas.
Los salteños no olvidan de ninguna forma que Zottos, siendo aún Vicegobernador de la Provincia, rompió la coalición del gobierno en 2013, se enfrentó a Urtubey y presentó su propia candidatura a senador nacional para competir con la del hermano del Gobernador de la Provincia.
A pesar de que ahora Zottos pretende aparecer ante los electores como un disciplinado soldado del gobierno, lo cierto es que en las obras y en las «entregas» que hoy promociona con el fervor del converso no ha tenido casi nada que ver. Se podría decir, incluso, que ha cuestionado muchas de ellas.
Pero como para evitar perder vale casi todo, Zottos ha decidido arrancarle algunas páginas al ya de por sí despoblado libro de su vida, con la intención de que los salteños se olviden de que, más que la solución, él fue siempre parte del problema.
Desde que Urtubey dijera aquello de «el que vota por Andrés vota por mí», Zottos ha perdido su identidad (si es que alguna vez tuvo una). Ahora el candidato a diputado nacional ya no es él sino que es el gobierno el que está detrás de su espigada figura de atleta olímpico de la antigüedad clásica. Son los consultores a sueldo del gobierno los que le construyen el discurso y es el gobierno el que le presta los focos, los periodistas y una ayuda de la que, por cierto, no disfrutan otros candidatos.
Un poco frágil de memoria por naturaleza, Zottos se ha olvidado de sus críticas a las obras fantasmas del Fondo de Reparación Histórica, del autismo político de Urtubey y de su humillante olvido como Vicegobernador durante ocho años. Ahora todas son maravillas y bienaventuranzas; y si nos dejamos guiar por sus palabras, lo fueron desde 2007.
La pérdida de identidad (y de memoria) de Zottos representa un grave problema para los electores salteños, pero no para él, que se siente muy cómodo nadando en aguas turbulentas. Los salteños, en su inmensa mayoría, tienen asumido que será la «grieta» la que marcará el tono político de los próximos dos años; pero nadie sabe si Zottos volverá a ser un kirchnerista forzado o si, apurado por los apetitos de ogro de Urtubey, se convertirá en un alfil del macrismo en la Cámara de Diputados. Hay un 98% de probabilidades de que Zottos termine siendo parte de la grieta y solo un 2% de que oficie de pegamento.
Aun cuando cualquiera de las dos cosas estaría bien para Zottos (que nació con el don de ser y no ser al mismo tiempo), los salteños necesitan saber -y pronto- a cuál de las dos potestades servirá en futuro diputado nacional; o si, por el contrario, hará como su paisano Zenón de Citio (nacido en Chipre) que antes de determinarse a seguir una carrera, fue a consultar al oráculo, para saber lo que haría a fin de ser dichoso.