
Una galantería innecesaria y de gusto más que dudoso opacó ayer el breve discurso que pronunció en Salta el Presidente de la Nación, Mauricio Macri, durante el acto con el que el gobierno provincial dejó inaugurado el museo de la Casa de Güemes.
Al iniciar su alocución, el mandatario dijo textualmente lo siguiente:
«Es una enorme alegría estar nuevamente en la Provincia. No sé si es la cuarta o la quinta vez... la quinta... que la visito como Presidente. Y resulta que la llaman La Linda, y no para de incorporar nuevas atracciones y bellezas a su realidad. No solo lo digo por el museo sino también por la Primera Dama salteña que hemos incorporado».
Dejando a un lado las interpretaciones más superficiales del requiebro presidencial, que insinúan que el mandatario habría incurrido en una «cosificación» evidente de la esposa del Gobernador provincial, la parte más preocupante del discurso es ese plural de la primera persona («hemos incorporado») empleado por el Jefe del Estado, para dar a entender que la «incorporación» de la señora Macedo a Salta, como atracción de feria o como belleza natural, no se debe solamente a una elección personal de su esposo, sino a una decisión de la comisión de acción política de Cambiemos, o del propio Presidente.
¿Estamos ante una operación de marketing político? Alguna gente dice ya que Macri, con sus palabras de ayer, lo ha confirmado plenamente.
Comparar a la señora Isabel Macedo con un museo, por bonitos que pudieran ser ambos, no es precisamente una finura; sea que la comparación haya sido efectuada por un hombre o por una mujer.
Probablemente la señora Macedo tenga otras cualidades -aparte de la belleza física- que la hagan digna de merecer semejante elogio. Por ejemplo, sus habilidades en la cocina, como recientemente descubrió su marido que tenía.
Pero es que para los que no quieren ver la realidad, la Primera Dama salteña no es un florero. Es una estupenda actriz de larga y prolífica carrera. Algo menos larga que la de Mirtha Legrand, pero una carrera llena de logros, al fin y al cabo.
Quizá, para matizar un poco este discurso tan ambiguo, podría haber aclarado Mauricio Macri que la comparación intentada no solo pretendía poner lado a lado la belleza exterior de la actriz con la del museo (excepto una de sus paredes), sino que también contraponía el valor cultural de la aportación a las artes escénicas de la señora Macedo con la que se concreta a partir de la apertura del vanguardista museo güemesiano.
A Macri se lo recordará seguramente no tanto por los kilómetros de vías férreas recuperados para el desarrollo nacional, por el pago a los fondos buitres, el control de la inflación o la salida del cepo cambiario, sino por haber en su día «incorporado» a Diego Maradona a Boca Juniors y haberlo hecho formar pareja con el Pájaro Caniggia.
Ahora, si no hay una rectificación oportuna que descienda desde las más altas esferas del Estado, Macri se enfrenta al riesgo de pasar a la historia por haber «incorporado» a Isabel Macedo al acervo visual de Salta y haberla hecho formar pareja con otro «Hijo del Viento».