A pesar de que el próximo 9 de julio cae en día sábado, al exvicegobernador de Salta se le ha ocurrido que las vacaciones de invierno, que este año deberían empezar el día lunes 4, comiencen una semana después, es decir, el lunes 11 de julio. Para lograr este cambio en el calendario escolar previamente aprobado por el propio gobierno al que pertenece, Zottos ha presentado a la Cámara de Senadores un proyecto de declaración en el que insta al gobierno a «posponer» una semana el comienzo del receso escolar de invierno.
Los argumentos de Zottos son para enmarcar en un cuadro. Dice el senador tartagalense que Salta es la única Provincia que señaló el comienzo de las vacaciones el día 4 de julio y que de ese modo «desalienta la concurrencia de alumnos y docentes a los actos del 9 de Julio».
De lo cual se colige que Zottos es un ferviente partidario del patriotismo obligatorio, con pase de lista y firma de planilla incluida.
El proyecto de Zottos y, especialmente, su invocación a la concurrencia masiva representa una avasallamiento al derecho de libertad de conciencia, consagrado en la Constitución Nacional. Así como ningún alumno debería, por el solo hecho de serlo, obligado a asistir a las ceremonias religiosas del culto oficial, tampoco debería ser compelido a tomar parte en celebraciones patrióticas, sobre todo cuando en éstas la exaltación de los valores patrios es solo una excusa para reverenciar a las autoridades que ejercen el poder.
Teniendo en cuenta que el próximo sábado 9 de julio se celebra el bicentenario del 9 de Julio (con mayúsculas) parece una estupidez pensar que las vacaciones vayan a «desalentar» la asistencia a los actos previstos.
Pero esto no es todo. Zottos dice que si no se reforma el calendario, el 9 de Julio puede pasar desapercibido. Si así ocurriera, la plaza central de Salta debería cambiar el nombre y pasar a llamarse «Plaza del Desaliento Patriótico».
Por último, Zottos quiere que el traslado de las vacaciones de invierno sea definitivo, es decir, no solo para este año bicentenario sino para el resto de nuestras vidas. El fundamento sigue siendo el mismo: la pereza escolar, ese mal endémico salteño que inclina a nuestros jóvenes a quedarse en sus casas calentando sus pies en el brasero antes que desfilar a varios grados bajo cero ante el palco rosado de Zottos.