Urtubey y su falsa raya en el pelo

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El Gobernador de Salta y sus asesores de imagen juegan con la ventaja de que en la mayoría de estudios de televisión y recintos públicos no hay cámaras cenitales. Si las hubiera, quedaría revelado uno de los secretos mejor guardados del Estado salteño: Que Urtubey tiene unos serios remolinos en la coronilla y que por eso no puede hacerse la raya completa, hasta el final, como mandan los cánones.

Este curioso y poco estudiado fenómeno político/peluqueril se puede apreciar con claridad en la fotografía que aparece más arriba, que ha sido publicada, tal vez por error, por el Twitter oficial de la Secretaría de Comunicación de Salta.

En esta foto se ve al gardeliano gobernador salteño con una falsa raya en el costado izquierdo de la cabeza.

La mayoría de los hombres sabe que el peinado con raya al costado requiere el empleo de cierto arte. Un arte que consiste en trazar una línea, a poder ser recta, que comienza a unos pocos centímetros encima de la sien y que termina, atravesando la región parietal, en la coronilla.

Al contrario, Urtubey, como lo demuestra esta foto, no se peina con una línea recta sino con una especie de J invertida, que comienza de forma ortodoxa, insinuando rectitud, pero que a la altura de la oreja, donde el ojo humano ya alcanza menos, hace una pronunciada curva hacia el centro de la cabeza, sin llegar a internarse en los dominios capilares de la coronilla.

Es evidente que el Gobernador tiene en esa parte de la cabeza el pelo retorcido en redondo, lo cual lo hace muy difícil de peinar. Si preguntamos a los gauchos (a los de verdad, no a los de atrezzo) comprobaremos que la mayoría de ellos, quiscudos como son, se peinan la raya hasta el final de la cabeza, sin amaneramientos.

Pero en este asunto, como en otros bastante más importantes, a la dificultad el Gobernador ha opuesto un atajo. Así, en vez de intentar domesticar «a lo macho» a los remolinos de la cabeza, lo que hace todas las mañanas (cuando se acuerda) es desviar el peine hacia lo que vendría a ser la continuación natural de la cisura de Silvio, o surco lateral del hemisferio izquierdo del cerebro, para terminar muriendo del otro lado de la cabeza.

Bien visto, el Gobernador no usa una sola raya en el peinado sino dos, como dos son los palos de la cruz: el patibulum y el stipes.

Puede que esta cómoda solución capilar no tenga mayor significado en el plano psicopolítico, pero no se debe descartar la posibilidad que la arbitraria dirección del peine y el alocado dibujo que deja sobre la cabeza del Gobernador sean reflejo de una división sui generis del lóbulo frontal y el lóbulo temporal, o de este último con el parietal.

Cualquiera que sea el significado neurológico, lo cierto es que se trata de una evidente ruptura de las normas de la estética masculina que por el momento no ha sido aprobada por la Fundación Conin ni por el doctor Abel Albino.