El Tribuno deja de atacar a Urtubey y los medios afines al gobierno flirtean con Romero

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Las tornas están cambiando, ¡y cuánto! Desde que Urtubey y Romero han acercado públicamente posiciones que en privado eran, desde hace tiempo ya, muy cercanas, los medios de comunicación masivos que responden a uno y otro han abandonado las hostilidades.

El diario de propiedad de la familia del exgobernador y actual senador nacional, jamás convencido del todo de atacar a Urtubey, ha entrado en un prudente cono de silencio, después de que la semana pasada, como preludio al encuentro formal que mantuvieron los dos mandatarios, el diario en cuestión publicara una «entrevista exclusiva» al Gobernador de la Provincia, como síntoma de distensión.

Ahora es la prensa controlada estrechamente por el gobierno provincial la que ha abierto las puertas a Romero. El senador ha conseguido que sus escritos de prensa sean recogidos -no en la web oficial del gobierno, porque no quedaría muy elegante- sino en una página web periférica, que percibe del gobierno de Urtubey una apreciable cantidad mensual de dinero, sin apenas controles públicos.

El senador Romero se refiere, en aquel escrito de prensa, a la difícil situación que atraviesan los jueces federales en Salta, un gesto inédito, no por su contenido ni por su oportunidad, sino por el medio que ha dado cabida a sus reflexiones.

El proceso de convergencia entre Urtubey y Romero o Romero y Urtubey ya ha atravesado la fase crítica del cedazo de los incondicionales de uno y otro. Si bien es cierto en El Tribuno no han vuelto a aparecer las «plumas pluralistas», que adornaban la sección de opinión, con fotos cadavéricas pero con interesantes textos, todo indica que el romerismo ha digerido sin sobresaltos la operación.

Situación parecida es la que se vive en la filas del gobierno, en donde a excepción del Procurador General de la Provincia -la única víctima visible de este inesperado reencuentro con Romero- el resto, incluidos los izquierdistas más recalcitrantes, parecen haber pasado página del kirchnerismo que hasta hace solo unas semanas atrás abanderó el Gobernador de la Provincia.

Ahora, todos parecen alineados con Macri y lo que parecían excesos neoliberales de los años noventa son saludados ahora como una nueva ola vivificadora de la política nacional. Romero ha vuelto por sus fueros (y nunca mejor dicho) para solaz de una generación de lenguaraces que por estas horas están borrando tuits a cuatro manos, temerosos de que las hemerotecas delaten su venalidad y falta de consistencia política.

Más allá del bien y más cerca del mal, a Urtubey no le preocupa demasiado lo que puedan experimentar, en materia de vergüenza propia y ajena, sus subordinados. Ha colocado tierra de por medio y se mueve ahora en otros horizontes, en donde la pelea por Salta se decide por la mayor posesión de acciones, de hectáreas y de aviones privados.

Mientras tanto, adormecida, la sociedad asiste a un espectáculo inédito: la de su parálisis absoluta y la de su descontrol. Solo un grupo de entusiastas que parece no sentirse rehén de la ambición personal de un individuo sigue adelante con lo que algunos, de una forma optimista y exagerada, llaman «gobierno».