La teocracia urtubeysta tiene un lado oscuro, oculto y siniestro, que todos conocemos bien, pero también tiene un lado luminoso y transparente, que ya conocemos menos. Quien representa la parte menos impresentable de esta íntima conexión entre Dios y el Estado provincial es el Vicegobernador de Salta, don Miguel Andrés Kostas Zottos.
Frecuentemente se asocia la imagen de Zottos con los misachicos; es decir, con manifestaciones religiosas minúsculas y poco sofisticadas, pero a menudo se olvida que nuestro Vicegobernador, como Dios, posee el don de la ubicuidad y es capaz de tener un pie en cada confesión; es decir, de estar un día en el Vaticano y al siguiente en Constantinopla.
Fue Zottos quien propuso convertir en ley los discursos del Papa Francisco, a través de una votación especial del Parlamento del NOA. También fue Zottos quien representó por dos veces a la iglesia ortodoxa salteña en un foro interparlamentario de esta religión.
Zottos llegó a lo máximo al pronunciar, al pie del monumento al general San Martín en el parque homónimo, el mismo discurso para honrar, en actos distintos, a israelíes y palestinos. Y ello, con solo unas semanas de diferencia.
A Zottos le tocó presidir la multitudinaria procesión del Milagro en 2014, ya que el Gobernador de la Provincia, que había sufrido entonces un atraso familiar, no pudo presidirla.
Para qué decir que Zottos fue uno de los primeros salteños (si no el primero) en acudir al encuentro del Papa Francisco. Ni Urtubey consiguió la ansiada foto, aunque ya se sabe que al Gobernador solo le gusta pisar Europa para ver a Los Pumas, y poco más.
Quién sabe si en estas reformas tan aceleradas que está viviendo la Iglesia algún próximo Concilio no aprobará la posibilidad de conceder la dignidad obispal a personas a las que no se ha conferido el sacramento del orden sagrado. Si esta reforma ve la luz algún día, uno de los candidatos a convertirse en obispo sin haber sido cura es, sin dudas, el Vicegobernador de Salta. Los ocho años de consagración al ministerio del servicio a la Iglesia, con dedicación plena y libre disposición, así lo ameritan.
Solo un preobispo, como Zottos, puede haber sido capaz de presidir unas deliberaciones de la Pastoral Social. Y quien puede esto puede decir misa, administrar confirmaciones, y asistir a las ordenaciones presbiterianas, con lo cual aliviaría la pesada agenda del Arzobispo, que bien se lo agradecería.