Messi, Neymar, Catalano y Rodolfo Urtubey

  • No se trata de la nueva delantera del Barça para la temporada 2020-2021, sino simplemente una agrupación de apellidos cuya utilidad se limita a advertir que el ‘compañerismo’ y el ‘espíritu de equipo’ se puede aplicar a los clubes de fútbol, pero no a los tribunales de justicia.
  • Opiniones irrespetuosas con las instituciones

Las declaraciones del juez Guillermo Catalano sobre que Rodolfo Urtubey «tiene el perfil adecuado» para convertirse en juez de la Corte de Justicia de Salta, en cualquier sociedad medianamente civilizada deberían provocar un escándalo mayúsculo, pero no en Salta, en donde las cosas funcionan de forma diferente.


Le faltó decir a Catalano que Urtubey es un «un pibe excelente», que «tiene un guante en el botín derecho» y que añora ver al exsenador nacional jugando con él por el flanco izquierdo del ataque de la Corte Fútbol Club.

Lamentablemente para el señor Catalano, los jueces de la Corte de Justicia no son jueces de la idoneidad de sus pares, ni de quienes aspiran a serlo, y tampoco son sus preferencias preferencias las que han de ser tenidas en cuenta a la hora de elegir a quienes se van a sentar en este tribunal.

El que de los siete actuales jueces tiene menos autoridad para hablar de perfiles adecuados o inadecuados es precisamente el señor Catalano. ¿Acaso se podía decir que su perfil era el adecuado cuando en pleno proceso de expiración de sus mandatos el gobernador Juan Carlos Romero propuso su nombre para la Corte de Justicia? Probablemente haya sido en 2007 Catalano el menos idóneo de todos cuantos nombres había en danza. Se ve que con el paso del tiempo se le ha olvidado.

Catalano no puede recibir con los brazos abiertos a Urtubey, puesto que la bienvenida anticipada de quien acaba de ser renovado (junto a Ernesto Samsón) parece decir que el discreto y eficiente juez Posadas ha perdido ya su idoneidad para el cargo. ¿Por qué sí a la designación de Urtubey y no a la probable renovación de Posadas? La falta de respeto no puede ser más grave.

Los jueces de la Corte de Justicia de Salta no son árbitros ni de la idoneidad ni de la moral de ningún juez letrado de la Provincia. No lo son de los jueces inferiores, aunque alguno de ellos integre el Consejo de la Magistratura y otros (generalmente los mismos) hagan lo propio con el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados. Tampoco lo son de los jueces de la Corte de Justicia, cuya designación corresponde al Gobernador de la Provincia, previo plácet de la Cámara de Senadores, y cuya destitución solo compete a las cámaras de la Legislatura provincial.

Por tanto, el señor Catalano debió, antes que nada, respetar a esas autoridades y a las facultades que las Constitución les reconoce en orden a la designación de los jueces de la Corte de Justicia y quedarse bien callado. Es decir, Catalano no es Messi (así como Urtubey no es Neymar) y por tanto ninguno de ellos está legalmente habilitado para decir con quién desea jugar y con quién no.

Pongamos que el gobernador Sáenz al final se decide a escoger para estrenarse como gran elector de los jueces supremos de Salta a algún abogado que no sea el ya citado Urtubey. Si la elección recayera en un ciudadano que no resulta del agrado del señor Catalano, ¿es que al nuevo juez se le va a aplicar la ley del silencio en el vestuario? ¿le van a poner la zancadilla en el pasillo? ¿va a ser menos juez que los demás?

En palabras llanas y sencillas, la opinión de Catalano, o de cualquier otro juez de la Corte de Justicia acerca de quién debería sentarse en el sillón que pronto dejará vacante el juez Guillermo Posadas, es absolutamente inútil y contraproducente.

La elegancia y la responsabilidad, en casos como este, mandan al sujeto a guardar silencio, porque el silencio es la única forma de respetar, aunque sea formalmente, la integridad de los únicos poderes legitimados para proveer ese cargo.