
La digitalización de los procesos judiciales se encuentra en Salta en su más tierna infancia, según se desprende de la noticia difundida hoy por el servicio de prensa de la Corte de Justicia de Salta, que dice que este tribunal, en uso de sus atribuciones constitucionales, llamará a licitación para construir un data center cuya misión será soportar el incipiente expediente digital.
Por carecer, la información de la Corte carece de lo esencial, que es la cantidad de dinero que piensa gastar en la construcción del centro de procesamiento de datos, o el volumen de información que aspira procesar.
Para alcanzar un objetivo como el que se propone el tribunal, se requiere no solamente la disposición de un espacio físico adecuado sino la adquisición de servidores físicos de alto y medio rendimiento, así como una plataforma de virtualización flexible y soluciones de almacenamiento y backup, que hoy por hoy parecen fuera del alcance de poder del compra del Estado.
No obstante, dice la Corte que el futuro data center permitirá concentrar todos los expedientes del Poder Judicial de Salta en una sola plataforma digital.
Cree la Corte que la notificación electrónica que se viene empleando en los procesos que se ventilan ante la propia Corte de Justicia, en los seis juzgados del orden jurisdiccional del Trabajo y, a partir de octubre, también en los once juzgados de primera instancia en lo civil y comercial, es base suficiente para permitir -en su peculiar terminología- «la digitalización de los expedientes de todos los fueros».
A pesar de que se trata de un salto enorme, para el juez de la Corte de Justicia de Salta, señor Fabián Vittar todo parece ser coser y cantar en esta materia.
El magistrado ha explicado -como si se tratara de una solución- que el avance en el proceso de digitalización «se hace en módulos», y que la construcción del data center permitirá «tener un cerebro» (¡ya era hora!) que soporte todos los expedientes, para que en el futuro no haya pérdidas «del elemento más importante de las partes en cualquier proceso».
Por supuesto, no ha dicho el señor Vittar de qué forma pretende lograr este objetivo de pérdida cero.
El futuro data center funcionará en el segundo piso del nuevo edificio del Poder Judicial, según la información que se ha difundido hoy, que dice también que, «mientras se construye» (no se especifica el tiempo de construcción), se avanzará en la notificación electrónica, «lo que permitirá una conexión directa entre los juzgados y los abogados», como si actualmente tal conexión directa no existiera de ningún modo.
Al hablar de notificación electrónica, el juez de la Corte de Justicia omite mencionar que solo se trata de los actos de comunicación cursados a los letrados personados en los pleitos, ya que, por lógica, se excluye a las notificaciones personales enviadas a las partes sustanciales, como por ejemplo las citaciones a comparecer o los traslados de las demandas que forzosamente deberán seguirse practicando de la forma tradicional.
Dice Vittar que la Corte de Justicia de la que él forma parte «trabaja con unos mil expedientes anuales», pero no ha cuantificado el número de asuntos que se tramitan por año en los demás órganos judiciales, así como tampoco ha esbozado las ganancias de tiempo, celeridad o seguridad que supondrá el abandono del soporte en papel y la tramitación exclusivamente digital.
Lo que sí ha dicho Vittar es que la digitalización total que se pretende «implica generar recursos humanos que tengan nuevas herramientas para ser más eficientes», olvidando quizá que quien es ineficiente en el mundo analógico lo es todavía más en el digital. A estos efectos, Vittar ha citado el proceso de certificación de normas ISO, en el que ha avanzado un grupo selecto de órganos judiciales.
Según se puede inferir de las declaraciones que hoy reproduce el servicio judicial de prensa, para Vittar la utilidad directa de la digitalización de los procedimientos se reduce a «no tener que atender a los abogados en la mesa de entradas y que [los abogados] puedan leer las notificaciones en su estudio». Un objetivo bastante modesto, teniendo en cuenta que los dispositivos móviles permiten leer el correo electrónico en cualquier sitio, incluso en lugares tan alejados de las redes físicas como los cuartos de baño o los hoteles alojamiento de la ciudad, en donde por una módica suma se puede incluso imprimir documentos. Confía Vittar en que esta disociación espacial entre dos colectivos que tradicionalmente se han llevado muy bien (letrados/as y oficiales/as de mesas de entrada) redundará en un acortamiento de tiempos de los procedimientos, que no ha cuantificado.
Lo que parece cierto es que, de producirse este amistoso divorcio entre abogados/as y trabajadores/as de tribunales, habrá seguramente menos romances y menos decibeles en los pasillos judiciales.