Urtubey dice que va a combatir 'vicios y flagelos' de los salteños con policías y patovicas

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Hasta que Urtubey tomó las riendas de la Provincia de Salta, las policías eran instituciones más o menos dedicadas al mantenimiento del orden público y la seguridad ciudadana, así como a la cooperación con los tribunales de justicia en la investigación, persecución y castigo de los delitos.

El Gobernador de Salta le ha dado la vuelta a este enfoque anticuado y ahora pretende que la Policía bajo su mando, unida a un pequeño ejército de patovicas, se dedique también a combatir los «vicios y flagelos» de la población.

Al parecer, lo que quiere Urtubey es emular al gobierno islámico de Irán, que dispone de una policía de la moralidad, cuyo cometido más importante es el de detener a las mujeres por su «comportamiento no islámico»; especialmente por atreverse a fumar con pipas de agua en lugares públicos.

El gobierno de Urtubey ya venía dando señales en este sentido, pues desde hace tiempo permite que en los controles de alcoholemia que efectúa la policía en las calles aparezcan unos guardianes privados ataviados con chalecos amarillos que, mientras los conductores se encuentran inmovilizados por la autoridad, sueltan unos sermones acerca de los «vicios y flagelos» que afectan a nuestra población.

La Constitución de Salta no dice en ninguno de sus párrafos que uno de los fines supremos de la organización estatal sea el de combatir los vicios de las personas, pero a Urtubey la Constitución no lo inquieta en este punto, así como en muchos otros.

La intención, que el Gobernador provincial no se preocupa en ocultar, es la de fundar un orden moral específico, de acuerdo con unos valores determinados, relacionados inequívocamente con el ala más dura e intransigente de la iglesia católica. Dicho en otros términos, lo que Urtubey pretende es crear una organización política con fines éticos, a través de la coerción organizada.

La Policía de Salta ha captado rápidamente la onda, y en sus órdenes diarias de trabajo, antes del detalle las actuaciones que el personal ha de llevar a cabo durante la jornada, figura una invocación religiosa del capellán policial de turno, en la que se exhorta a los uniformados a combatir el pecado.

Todo indica que Urtubey ha comenzado ya una gran reforma institucional para que el aparato represivo del Estado persiga los vicios de los demás, pero no los propios.