Descifrando al ingeniero Villada

  • El Ministro de Gobierno de Salta es -como dijo alguna vez Churchill de las intenciones de Rusia en 1939- ‘a mystery wrapped in a riddle inside an enigma’.
  • Circulación comunitaria y espacio aéreo

El ingeniero Ricardo Villada ha ejercido más de una vez como portavoz de esa abominación institucional que se ha llamado y se llama Comité Operativo de Emergencia, un tridente que ha superado con creces el récord de decisiones autoritarias y antidemocráticas del que probablemente sea su pariente más cercano en la historia: la junta que en 1976 integraron Videla, Massera y Agosti.


El caso es que, durante más de tres meses, el COE ha venido agitando a grito pelado el tan mentado orgullo salteño, anunciando, un día sí y otro también, que en Salta no hay circulación comunitaria del virus.

Poca cantidad de contagiados, síntomas leves, hospitales holgados y ningún muerto constituían argumentos irrefutables (o irrefragables como le gusta decir a un alto magistrado de reluciente calva) para afirmar que Salta era una especie de paraíso epidemiológico, diferente del resto del país.

Ahora bien, una vez que la bomba vírica parece haberle estallado en la cara al COE y al gobierno triunfalista, el ministro Villada se ha visto en apuros para responder a una pregunta de un periodista, que con mucha soltura le pidió que dijera ante los micrófonos si en Salta hay circulación comunitaria del coronavirus, si o no.

Lo más curioso del caso es que la misma autoridad que ayer decía rotundamente que no hay, hoy dice que ya no es quien para decirlo. «¡Ah no! Pregúntele usted eso al gobierno nacional, pues es él quien decide, según estemos en fase ASPO o en fase DISPO, dónde hay circulación y dónde no».

Es decir, que si mañana sale el gobierno nacional a decir que en Salta efectivamente hay -como se teme- circulación comunitaria, ya no será este un problema del COE ni del gobierno provincial, sino de Nación. Las culpas, siempre para afuera.

Villada ha encontrado la fórmula ideal para evadir la responsabilidad del gobierno provincial en lo que está sucediendo. Mientras no había circulación comunitaria, la autoridad idónea y competente para afirmarlo era el COE. Ahora que probablemente la haya, el COE dice «esta boca no es mía». Es decir, yo solo tengo autoridad para contar cosas buenas. Para las cosas malas está Nación.

Y cuando comiencen a multiplicarse los casos, el gobierno provincial dirá: «¡Ah! Es porque el Ejército no ha controlado bien las fronteras. El puñado de contagiados que teníamos era importado. La peste viene de fuera. La culpa la tienen los IRI [idiotas relajados irresponsables]», etc. etc.

El espacio aéreo de Salta, cerrado

Los decretos del gobernador Sáenz y las soberanas resoluciones del COE no son muy conocidas en el resto del país; especialmente en los aeropuertos nacionales.

No lo son, porque si lo fueran esta es la hora que ningún avión despegaría con rumbo a Salta.

Si en Salta han aterrizado aviones a los que no se ha permitido desembarcar su pasaje, es porque Sáenz y sus decretos no son tan famosos como se suponía.

Claro que este asunto de los cielos es de competencia federal, como no podría ser de otro modo, pero aun así, es imperdonable que lleguen aviones al aeropuerto de Salta y que sea allí donde se les indique que han viajado en balde quién sabe cuántas horas.

Tal y como están las cosas, no es descabellado pensar que ante la amenaza de algún otro vuelo que aterrice en Salta con pasajeros infectados, cuando el avión en cuestión se encuentre sobrevolando la localidad de Chicoana, desde el aeroclub Salta despeguen dos aviones caza interceptores (que el gobierno oculta celosamente en sus hangares de El Huaico) y procedan a aplicarle la nunca bien ponderada ley del derribo.

A pesar de las tribulaciones del ministro Villada, con el COE no se jode.

El contagio sexual

Previo paso por la sacristía, los devotos miembros del COE atribuyen buena parte del aumento de los contagios a los contactos íntimos de los viajeros y viajeras con oriundos y oriundas (con vecinos residentes, como le gusta decir al gobierno).

Para esta situación tan enojosa, el COE ha tomado buena nota de la recomendación de la presidenta de la Academia de la Lengua Tucumana, quien en un audio captado en la localidad de Monteros recomendaba a una señora que se hiciera verijear en Buenos Aires y someterse a un tratamiento (no precisamente facial) a base de pepino, antes de venir a infectar a los tucumanos.