Juan Urtubey e Isabel Macedo: monarcas, pero de los antiguos

  • Es relativamente normal que Urtubey y Macedo causen sensación con sus posados, sobre todo si la actriz esposa del Gobernador se pasea frente a las cámaras descalza luciendo unas estupendas piernas hasta una altura que hubiera enviado al infierno a la mismísima Rita Hayworth en Gilda.
  • La república, patas para arriba

Después del doble posado de la pareja gubernamental de Salta en las revistas del corazón (primero en Metán Viejo y luego en la residencia oficial de Finca Las Costas), no ha faltado quienes hayan comparado tal exceso figurativo con los que suelen protagonizar, a veces, algunos monarcas europeos.


La comparación no es justa; no para Urtubey y Macedo, sino para los monarcas del viejo continente, que en las dos últimas décadas se han modernizado de una forma notable, han estado más cerca que nunca del pueblo llano y, en vez de hacer alarde de lujos y buena vida, casi todos ellos -con la sola excepción de la reina de Inglaterra- disfrutan mostrando las facetas más sencillas de su vida.

Probablemente Urtubey y Macedo han hojeado revistas viejas la última vez que fueron a la peluquería, de modo que, desde la más profunda y auténtica austeridad republicana, la gente les está pidiendo a gritos que cambien urgentemente de peluquería, pero no tanto para actualizar su estética personal sino para entrar en contacto con revistas más nuevas. En una de esas, así se enteran mejor de cómo se mueve la política en el mundo de hoy en día.

En España, por ejemplo, se critica a los reyes Felipe y Letizia por exagerar la sencillez de su vida. Los observadores hablan de un gesto que es especialmente notable cuando la pareja real aparece en público con sus dos hijas, que son ya adolescentes pero que -evidentemente por decisión de sus padres- aparecen siempre como dos meninas, rubitas, educadas e impecables, una imagen que no concuerda con la de los adolescentes españoles de hoy en día.

Cada vez que los reyes deben enfrentar a las cámaras en compañía de la Princesa de Asturias y la infanta doña Sofía, la puesta en escena parece -dicen- republicana, casi podemita. Y si los reyes tienen miedo que sus conciudadanos critiquen sus costumbres, ¿qué se puede decir de los arrebatos de figuración monárquica del Gobernador de una de las provincias más pobres de la República Argentina?

Urtubey y Macedo son hoy la prueba viviente de la involución de la república, del extravío de sus valores, de un paso atrás en la igualdad de los ciudadanos ante las responsabilidades públicas. Lo certifica sin dudas el hecho de que el Gobernador de Salta hable, cada vez que tiene oportunidad para ello, de que «se formó toda la vida para ser presidente», una mentira blanca que lo que viene a decir es que él es el borbón de la patria, el señalado desde la cuna, el único, el elegido, sin discusiones de ninguna naturaleza. Los demás, los que no se formaron, que se olviden de aspirar a la primera magistratura de la república.

Es relativamente normal que Urtubey y Macedo causen sensación con sus posados, sobre todo si la actriz esposa del Gobernador se pasea frente a las cámaras descalza luciendo unas estupendas piernas hasta una altura que hubiera enviado al infierno a la mismísima Rita Hayworth en Gilda. Hay que reconocer que ninguna reina europea hasta el momento se ha animado a tanto. De las primeras damas republicanas, ni hablar.

Sin embargo, hay siempre algo en ellos dos que no cuadra del todo, que resulta extraño y hasta forzado. Es como si la pareja estuviese interpretando permanentemente el guión de una película que ha sido escrita especialmente para ellos, pero también para engañar los sentidos de quien la ve.

Los expertos están convencidos de que las parejas que viven declarándose su amor en las redes sociales, en realidad lo hacen por dos motivos: uno, porque su relación personal enfrenta serias dificultades, que se intenta ocultar, y dos, porque algunos de ellos (o los dos) necesitan de alguna forma reforzar su autoestima y recurren para ello a la exageración de virtudes que no poseen ni practican.

A la reina Letizia, a la reina Máxima, a la reina Mette Marit o la princesa Mary (por solo citar a las más jóvenes) no se les ve ni se les oye alabar a sus maridos ni dirigirles piropos o declaraciones de amor arrobado, ni cuando conducen vehículos (el rey Willem-Alexander es piloto de aviones transoceánicos), ni cuando se disfrazan con trajes típicos. Al contrario, el papel de las reinas consortes es contenido, planificado y relativamente formal, pues tiene una dimensión de Estado que muchas veces trasciende el ámbito familiar y el de las relaciones personales.

Un estudio liderado por Lidia F. Emery, de la Universidad de Northwestern, realizado junto a otros investigadores de las universidades de Winsconsin y Haverford (EEUU), y la Universidad de Toronto, ha llegado a la conclusión de que las personas ansiosas son las que más desean tener visibilidad en redes sociales. Esto se debe a que este comportamiento "exhibicionista" de su vida íntima suple su inseguridad, tanto personal como de pareja. Por tanto, cuando las personas se sienten más inseguras con respecto a los sentimientos de su pareja, tienden a hacer visibles sus relaciones en Facebook, en Twitter o -como en el caso de Isabel Macedo- en Instagram.

Las parejas realmente felices y las que han sido tocadas por la responsabilidad pública no suelen mostrar los momentos de su relación en estos medios, bien porque los están disfrutando al 100% en su intimidad, bien porque la razón de Estado lo desaconseja. Es decir, viven la experiencia con su pareja, sin necesidad del refuerzo que ofrecen los likes y los comentarios laudatorios.

Por todas estas razones conviene preguntarse hoy, no ya si el exhibicionismo en la redes sociales y las revistas del corazón es sano para la pareja gubernamental salteña o si esta es sincera en sus manifestaciones, sino si ambas cosas son útiles para los ciudadanos que conforman la república.

Habría que preguntarse también por qué motivo si los monarcas europeos han podido organizar su vida personal y familiar en un mundo dominado por las interacciones en las redes sociales, sin hacer alardes y sin mengua de la autoridad de la monarquía, por qué en Salta Urtubey y Macedo están transitando el camino inverso; por qué se empeñan en destruir sin piedad la austeridad republicana e insisten en mostrar su lado más frívolo y hedonista frente a una sociedad que lo que necesita es empatía con quienes más sufren la desigualdad y las carencias.