Así piensa Urtubey sobre el servicio público y los trabajadores del Estado provincial

El Gobernador de Salta ha tenido ocasión de despacharse a gusto sobre unos temas que aparentemente le apasionan pero que no domina en absoluto: el servicio público y el trabajo en el Estado.

En un discurso pronunciado ante unos 350 trabajadores públicos, el mandatario ha dejado algunas palabras que no merecen en absoluto pasar al olvido y que deberían ser materia de un análisis detenido.

Todos sabemos que don Juan Manuel Urtubey viene afirmando en los últimos años una idea mística del servicio al Estado; esto es, una concepción alejada de criterios racionales y de formalidades jurídicas y que se interna claramente en el terreno de la vida espiritual.

Para el Gobernador de Salta, el servicio al Estado -el trabajo remunerado de los agentes públicos- antes que una relación obligatoria con prestaciones bilaterales es un acto de amor doloroso. Ayer en su discurso lo ha dejado bien claro al decir: «Quiero que cada uno ame su trabajo y el motivo por el cual están en el Estado provincial».

No se trata de un simple deseo, sino más bien de una orden, si se tiene en cuenta que quien pronuncia esta monumental frase es el jefe supremo de la Administración del Estado. Si el jefe dice que hay que amar el trabajo (aún aquel que se realiza en condiciones penosas o de clara explotación), el odio o la aversión no tienen cabida y pueden ser motivo de discriminación, de acoso laboral y hasta de exoneración.

La orden de «amar el trabajo» es contradictoria con la base religiosa que sostiene el discurso del Gobernador. El mandato bíblico de «ganarás el pan con el sudor de tu frente» es la expresión más clara del trabajo como penitencia. Pero también es contradictoria con la ética protestante que, con posterioridad a la Revolución Industrial, lo consideró como una obligación moral, y con el espíritu del capitalismo que, antes que un objeto de amor, considera al trabajo como fuente de bienestar y prosperidad nacionales.

Pero aun con contradicciones, el mandato amoroso de Urtubey es mucho más intenso y complejo que el simple amor al trabajo. Según el mandatario, hay que amar también el motivo por el cual los trabajadores están en el Estado provincial. Es decir, que un 98% de agentes públicos deben amar los actos de clientelismo, corrupción, nepotismo y amiguismo que constituyen el motivo de su ingreso en la planta de trabajadores del Estado. El 2% restante deberá amar los escasísimos concursos de mérito e idoneidad que se convocan para ingresar. Nadie debería amar las injusticias ni los motivos espurios. Pero el Gobernador desea que lo hagan.

Solidaridad y eficiencia

Según Urtubey, el trabajo del agente estatal se puede hacer mejor si pensamos siempre «en aquel que necesita de nuestra solidaridad y, especialmente, de nuestra eficiencia».

Estos dos elementos -solidaridad y eficiencia- son para Urtubey la clave para dar a los necesitados «una vida con mayor dignidad».

Es curioso, pero el Gobernador no menciona en ningún momento la justicia o el cumplimiento de la Ley (elementos centrales en la actividad cotidiana del Estado) ni como pilares de la eficiencia y menos de la solidaridad.

Es sumamente discutible que el Estado sea una maquinaria de repartir solidaridad. Si entendemos la solidaridad como la «adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros» (DRAE 23ª edición), veremos que se puede ser solidario con los mafiosos, con los terroristas, con los asesinos de mujeres y con los corruptos. Todos ellos, además, pueden ser, en un momento dado, demandantes de solidaridad. Esta no es, definitivamente, la razón de ser del Estado, ni en su versión más liberal y menos intervencionista hasta su versión más social y redistributiva.

En cuanto a la eficiencia se puede decir lo mismo. El amor no hace a una empresa más eficiente, como lo puede hacer, por ejemplo, la organización o la calidad de sus recursos. Las empresas basadas en el amor (al puesto de trabajo, al objeto o entre los productores) han fracasado.

Lo único que cohesiona al Estado o que debería hacerlo es el cumplimiento riguroso de la Ley y de los procedimientos legales. Todo lo demás, incluido el «amor a la Ley», se interna en los terrenos del fanatismo.

La nobleza del servicio público

Para Urtubey, «el servicio público es lo más noble que puede hacer un ser humano». Solo una persona que lleva casi cincuenta años viviendo del Estado puede pensar así. Fuera de la política, fuera del Estado y fuera del servicio público, hay miles de actividades nobles que el ser humano puede realizar, como la crianza de sus hijos, el sostén de su familia e, incluso, la salvación de su propia alma.

Esta visión estatocéntrica parece reducir al hombre al nivel de una mera herramienta al servicio del Estado, de la política y de quienes viven del uno y de la otra.

Un Estado más presente

Dos perlas más del discurso del Gobernador:

“Todo el pueblo de Salta reconoce la necesidad de un Estado más presente y que le dé respuestas a la gente, que esté al lado de los más vulnerables y que pueda ser parte de ese sueño que tenemos de ver a nuestra amada Salta como una tierra de oportunidades para nuestros hijos, para nuestros seres queridos y para que todos puedan vivir un poco mejor”.

“Los que formamos parte del Estado tenemos en común nuestra misión de servicio, creemos que nuestra realización no sólo está en lo que hagamos por nosotros mismos sino fundamentalmente en lo que hagamos por nuestro prójimo. Debemos seguir juntos para adelante porque podemos vivir en una Salta mejor pero depende de nosotros para que podamos hacerlo”.

El Estado no es parte del sueño de nadie. Ni siquiera parte de un sueño colectivo. Es erróneo sostener que la mayor presencia del Estado sea una demanda de «todo el pueblo de Salta», pues aunque puedan ser minoría, existe en Salta una buena cantidad de gente que preferiría un Estado menos invasivo.

La idea de un Estado que solo se legitime en su vocación por los vulnerables y la idea de Salta como «tierra de oportunidades», suponen una abierta reformulación a las declaraciones fundamentales de la Constitución de Salta, que establecen con toda claridad cuáles son los fines que persigue la organización Estatal. Y esos fines, por supuesto, no son estos.

En lo que se refiere a la realización personal de los agentes públicos, parece claro que un Gobernador no debería inmiscuirse en cuestiones tan íntimas como la satisfacción de las metas y aspiraciones de cada uno. No siempre la realización personal se halla en la dedicación al prójimo.

La 'universidad' que rompe paradigmas convencionales

No sería bueno tampoco pasar por alto un claro exceso de la comunicación oficial del gobierno. En este caso, al relacionado con la así llamada Universidad Provincial de Administración Pública, a la que nos describen como una institución que «pretende romper con los paradigmas convencionales de la educación, proponiendo temáticas de interés general hacia profesionales, estudiantes, agentes de la administración pública y público en general».

Pues bien, veamos de qué forma esta universidad tan particular rompe con aquellos paradigmas convencionales:

Según la propia comunicación oficial, esta universidad imparte «cursos permanentes de capacitación destinados a los agentes de la administración pública, profesionales y público en general. Estas capacitaciones abarcan distintas temáticas comprendidas en informática, atención al público, redacción, protocolo entre otras».

Prosigue la comunicación diciendo que «la oferta de disciplinas está dirigida para capacitar sobre la utilización de herramientas y plataformas tecnológicas, como así también la apertura de pensamientos hacia nuevas conductas educativas».

Evidentemente, los «paradigmas convencionales» han quedado hecho añicos con estos revolucionarios e innovadores cursos de atención al público y de redacción, materias que algunas academias de contabilidad que funcionaban en Salta en los años 50 dominaban a la perfección.

Tal vez si esta universidad formara a pilotos de drones o azafatas de viajes espaciales pudiera aspirar a romper los paradigmas convencionales. Pero de este modo, es bastante difícil.