Los ‘chalecos verdes’ toman las calles de Salta para evitar a los manteros

  • Nadie sabe lo que le costará a las arcas públicas mantener este dispositivo de seguridad. Algunos especulan con que es más barato para los salteños permitir que los manteros le hagan un agujero fiscal al gobierno, que tener que pagar el despliegue policial en estas fechas vacacionales.
  • Operativo contra el comercio ilegal

A falta de gilets jaunes en Salta abundan los gilets verts. No son manifestantes revoltosos e insatisfechos por las medida del gobierno; no son gente dispuesta a incendiar la ciudad, sino, al contrario, son parte de la numerosísima fuerza policial que se encuentra a los mandos de Urtubey y que cumple estrictas órdenes del gobierno.


Su misión esta tarde es la de impedir que en las calles céntricas de la ciudad se desplieguen los vendedores informales, como ya lo hicieron durante las pasadas fiestas de Navidad y año nuevo. Debido a un pequeño fallo en el diseño de los programas formativos de los policías, no habrá expertos en psicología disuasiva entre ellos, y sí en cambio especialistas en «jarabe de palo».

Digamos que la consigna de la fuerza policial salteña es la de asegurar, a como dé lugar, que el dinero que se van a gastar los consumidores en regalos, vaya a parar al bolsillo de los comerciantes que son socios del gobierno -a los que por esos misterios del lenguaje se le llama «legales»- y no al de los manteros, que no pagan impuestos y afean las calles con su presencia.

Nadie sabe lo que le costará a las arcas públicas mantener este dispositivo de seguridad. Algunos especulan con que es más barato para los salteños permitir que los manteros le hagan un agujero fiscal al gobierno, que tener que pagar semejante despliegue policial en estas fechas vacacionales.

Próximamente, los servicios de cordón policial del comisario Silvestre y el ministro Oliver serán requeridos por el Arzobispo, que está viendo con creciente preocupación cómo las foulards verts pintan vaginas y miembros viriles en las fachadas de las iglesias.

Quienes han renunciado a contratar los servicios de los gilets verts son los gauchos de Güemes, que han comprobado con amargura cómo después de la fiesta Frida los uniformados se han hecho los distraídos como perro que ha volteao la olla, después de que una adolescente sufriera una agresión sexual en el recinto que la poli debía controlar, en colaboración con los así llamados ecuestres, que también constituyen una fuerza armada; ilegal, pero armada al fin y al cabo.