Estrada admite la impotencia del gobierno provincial para suplir las ayudas federales

  • La insólita defensa de la virginidad de las cuentas públicas salteñas que ha hecho el ministro Estrada revela, o una imperdonable ingenuidad, o una vibrante mala fe. El gobierno provincial no puede decir que el final del Fondo Federal Solidario paralizará la obra pública en Salta, cuando en 2016, tras el viaje de Urtubey y Parodi a Nueva York, la Provincia de Salta ingresó 300.000.000 de dólares que se iban a destinar en su totalidad a obras públicas. ¿A dónde ha ido a parar este dinero?
  • Crisis de las finanzas públicas de Salta
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El gobierno de Urtubey parece haberse quitado por fin la careta económica, luego de que su ministro de Economía, el señor Emiliano Estrada, saliera a reconocer que «la Provincia no puede afrontar hoy todos los recortes que realizó el gobierno nacional».


Curioso es que la tardía admisión del ministro se produjera pocas horas después de haber dicho todo lo contrario y no antes de que su anuncio fuera objeto de una severa desmentida por parte del Gobernador de la Provincia.

Hubiese sido completo el arrebato de sinceridad, si el joven ministro hubiera admitido que el gobierno de Urtubey no solo no puede «hoy», sino que tampoco podía «ayer» y que seguramente no podrá «mañana».

La noticia ha dejado paticonfundidos a los intendentes municipales -todos ellos ávidos de obras- pues algunos consideran «imposible» que la sola eliminación del Fondo Federal Solidario (o fondo sojero) suponga la paralización total y absoluta de las obras en los municipios. Sobre todo, porque el gobierno provincial incorporó a sus arcas dinero proveniente de préstamos internacionales que en algún lugar debe de estar, porque a las obras no se ha destinado.

Algunos intendentes han recordado que hace relativamente poco el gobierno de Urtubey contrajo estos préstamos, que fueron bastante cuantiosos, cuyas bases legales prohibían de modo riguroso su empleo para atender gastos corrientes de la administración y contemplaba específicamente la realización de una serie de obras que los propios intendentes municipales enumerarían en una lista.

La pregunta que se hacen ahora cientos de miles de salteños -no solo los intendentes- es ¿a dónde ha ido a parar este dinero?, teniendo en cuenta básicamente que las obras enlistadas no se han hecho y algunas ni siquiera se han empezado a hacer.

Al ministro Estrada no se le ha caído de la boca la palabra «ajuste» y no ha dudado en atribuir la autoría de esta «aberración financiera» al gobierno federal, como si el gobierno provincial que él integra no estuviese también en crisis y no se hallara obligado, igual que los demás, a recortar sus gastos. ¿Es que el gobierno provincial pretende seguir gastando un dinero que no posee y que ya no se le puede seguir suministrando desde afuera?

Habla Estrada de que el gobierno provincial hará «el mayor esfuerzo posible para que estas decisiones tengan el menor impacto social en Salta», pero ¿hablamos de recortes a la obra pública o hablamos de recortes al gasto social? Porque -que se sepa- no son la misma cosa, por más que la supuesta paralización de las obras tenga algún impacto lejano sobre el nivel de empleo, en una provincia en la que más de la mitad de la población activa trabaja en negro.

El ministro parece un poco confundido, sobre todo cuando habla de que Salta enfrenta un «panorama complejo por falta de previsibilidad».

Según esta particular interpretación de la realidad, el «imprevisible» siempre es el otro, nunca uno mismo. El discurso oficial parte de la base -más bien falsa- de que las cuentas de Salta viven una especie de primavera de apacible equilibrio fiscal. Si esto fuese así realmente, la sola eliminación del Fondo Federal Solidario no habría provocado el terremoto que finalmente provocó.

Y si fuese cierto, todas las metas que el gobierno provincial se había propuesto antes de aprobar los presupuestos se cumplirían y los municipios no tendrían ningún problema en llevar a cabo los trabajos a los que se han comprometido, sin dejar en el cajón a ninguno.

Si Salta es «previsible» (sagaz y astuta como ella sola) y el gobierno federal «imprevisible» (torpe y transgresor de la legalidad vigente), como lo afirma el señor Estrada, es que su deber como ministro de la Provincia cool es prever la imprevisibilidad, ya que esta última se debe dar por descontada. No puede ahora el ministro manifestarse sorprendido cuando su jefe viene hablando de imprevisibilidad desde finales de 2015.

Si Estrada dice que, de la noche a la mañana, «Nación» decidió quitarle más de 4.000 millones para el año que viene, es que algún tontito se creyó el cuento. Como tontito es el que mandó a aprobar las leyes 7929 y 7931 y decidió atar el reembolso de los préstamos (destinados en su totalidad a obras públicas) a las «ayudas imprevisibles» de la veleidosa e inconstante «Nación». Una cosa es que el recorte federal no permita reembolsar los préstamos y otra cosa bien diferente es considerar que los recursos ya ingresados se han esfumado.

También dice el señor Estrada que «es tiempo de escuchar las propuestas que las provincias plantean para evitar nuevos errores». Pero ¿quién ha cometido estos errores? ¿El gobierno que decide hacer esfuerzos para cuadrar las cuentas pidiéndole a las provincias que hagan los sacrificios que les corresponde hacer por ser parte de la federación? ¿O el gobierno que piensa que el maná que viene del cielo no va a dejar de seguir cayendo?

Tal vez el que necesite aclarar un poco las entendederas sea el señor Estrada y no sus homólogos de otras jurisdicciones. Porque los «errores» no son los que él piensa que son y no los ha cometido quién él dice.

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