
Las golosinas no escriben ni hablan, pero para el gobierno de Salta son capaces de hacer una «apología».
Así se desprende de la comunicación oficial de la Secretaría de Defensa del Consumidor en la que advierte de la incautación en Tucumán de unas cajas que contenían «golosinas duras con forma de cigarrillo, acompañadas por una bolsita con polvo azul».
La información oficial añade que estas golosinas «no serían aptas para el consumo», pero no dice de ninguna forma y en ningún momento si las mismas han sido sometidas a análisis por laboratorios especializados y si de tales análisis se desprende que el consumo de estas golosinas pueda ser perjudicial para la salud.
Además, la información de la Secretaría de Defensa del Consumidor incurre en una contradicción, pues en el primer párrafo dice que los cigarrillos vienen acompañados «por una bolsita con polvo de color azul» y dos párrafos más abajo dice que vienen «con una bolsita que contiene un polvo blanco».
Pero sea que se trate de viagra picado o de talco, deducir que la mentada bolsita y su contenido «hacen apología del consumo de cocaína» se antoja algo exagerado.
Bien que si en vez de ver al polvito como una cocaína de juguete a alguien se le hubiera ocurrido que es bicarbonato de sodio, el mismo funcionario habría dicho: «Se trata de iniciar a nuestros niños en el ancestral y saludable hábito del coqueo, que forma parte de nuestra identidad cultural».
Para el señor Carlos Morello, que ejerce de Secretario de Defensa del Consumidor, «la comercialización de estas golosinas es perjudicial para los niños» (sic), porque a su juicio «los incita a adoptar conductas típicas de los fumadores». No ha dicho el funcionario a qué conductas se refiere, aunque resulta llamativo que sea el gobierno de una provincia que vive del cultivo del tabaco y que lo subvenciona alegremente, el que se queje de que haya fumadores, actuales o en potencia.
Pero sin dudas es curioso que el gobierno se preocupe por los hábitos que han de adquirir los niños, cuando mantiene cientos de escuadrones infantiles de policía, sin que hasta el momento nadie haya dicho que esos cuerpos semimilitarizados «los incita a adoptar conductas típicas de los canas».
Sea blanco o sea azul el polvo, Morello ha pedido a los consumidores que denuncien «si observan la comercialización en kioscos salteños».
El señor Morello no ha dicho ni ha podido precisar que la venta de estas golosinas sea ilegal, porque alguna autoridad los haya declarado así en un procedimiento público y contradictorio. Solo se ha limitado a anunciar que retirará de la venta las golosinas porque a él le parecen perniciosas para la infancia, y poco más.